Hacia la construcción del Partido Libertario

Hacia la construcción del Partido Libertario – LAC

Hoy en día resulta sumamente necesario que todos aquellos militantes que levantamos las banderas del anarco comunismo, discutamos acerca de la necesidad de orientar todas nuestras fuerzas hacia la construcción de un programa integral que nos permita el día de mañana poder aportar al proceso revolucionario en nuestro país y a nivel mundial. De la mano de la edificación de dicho programa, consideramos esencial discutir acerca de la construcción de la organización política de los anarquistas: el partido libertario. Como Línea Anarco Comunista buscamos profundizar en este texto los líneamientos esbozados en uno de nuestros textos fundacionales: “Un Programa para el Anarco Comunismo: del reagrupamiento a la construcción partidaria”.

1- Partido y Programa:

a) Definiciones generales

La búsqueda de un salto cualitativo en la militancia libertaria ha llevado a que cada vez más compañeros empiecen a plantearse el anarquismo en términos de programa y partido. Así, va desapareciendo progresivamente entre nosotros el rechazo abstracto a estos conceptos, que en su momento fueron explícitamente tachados como leninistas y por ende externos a nuestra ideología y práctica. Aun así, se mantiene un importante grado de confusión acerca de lo que significan las palabras programa y partido, las cuales llevan a muchos compañeros a adoptar acrítica o mecánicamente estos conceptos, sin entender su raíz material e histórica, y cayendo en simplificaciones e inclusive desviaciones tanto teóricas como prácticas. Por esta razón escribimos el presente texto, que esperamos aporte al desarrollo profundo de un programa para el anarco comunismo, tanto a nivel nacional como internacional.

Antes que nada, debemos definir qué es un partido. Por lo general en el ámbito de la izquierda muchas corrientes usan dicho concepto como sinónimo de organización, mientras que muchas otras (en algunos casos de tendencia libertaria) lo rechazan por considerarlo autoritario, al asimilar partido a “la toma del poder por un partido vertical y autoritario”. Estas concepciones son altamente limitadas, ya que en el mejor de los casos representan sólo un tipo general de partido, ligado a las experiencias más cercanas o conocidas, que se relacionan con los partidos de izquierda actuales o con el mito del partido bolchevique y al toma del poder en la Rusia del 1917. Por ende, debemos rechazar partir de estas afirmaciones para poder definir lo que es un partido, y para comprender la necesidad histórica del desarrollo del partido libertario.

En líneas generales, un partido se suele definir por ser una organización que tiene individuos de varios frentes de militancia (barrial, estudiantil, sindical, cultural, etc.) y no meramente de un sólo frente (como es el caso de una tendencia), unidos por un programa (aunque fuera mínimo) para la orientación y organización de la sociedad. Aquí nos referiremos a los partidos de izquierda revolucionaria, que nuclean militantes sociales con el objetivo de la transformación radical de la sociedad capitalista y la construcción del socialismo.

Esta definición tan general, sin embargo, no sirve para nada si no se distinguen los dos tipos principales de supuestos partidos: de masas y de cuadros. Los primeros se basarían en el nucleamiento de un gran número de militantes, sobre la base de acuerdos amplios y laxos, priorizando el aspecto cuantitativo por sobre el cualitativo, apostando a sumar de manera masiva sin reconocer las diferencias de conciencia política de los diferentes sectores de la clase. Los segundos, por el contrario, proponen la existencia de un partido basado en un alto grado de acuerdos, priorizando la calidad antes que la cantidad, entendiendo la existencia objetiva de sectores más avanzados que tienen una mayor comprensión acerca del sistema capitalista y de la posibilidad del socialismo (que podemos denominar vanguardia, “avant garde”, en tanto militan por una superación del actual sistema social). Estas son tendencias de construcción que han existido desde siempre en las distintas expresiones de la izquierda revolucionaria, y se mantienen hasta hoy en día, inclusive en el anarquismo. Así por ejemplo, son esbozos de partidos de masas la mayoría de las organizaciones trotskistas de nuestro país. Así también es una vieja discusión entre las dos tendencias (partido de masas vs partido de cuadros) el debate entre anarquistas sintetistas y plataformistas, respectivamente, como explicaremos más adelante. Este debate, toda una disputa en cuanto a la orientación que debe tomar nuestra corriente, es el que se plantea hoy en día en las filas del anarquismo militante.

Sin embargo, es conveniente aclarar que el Partido de cuadros no se opone a la necesidad de un partido masivo, sino que apuesta necesariamente a lograr una masividad propia aportando a la formación cada vez mayor de la clase y a su sumatoria a en el proyecto partidario. En un momento revolucionario en el cual cada vez mayores sectores de la clase obrera toman conciencia revolucionaria, será normal que las diferencias entre vanguardia y masa vayan desapareciendo, a la par de que cada vez mayores militantes se sumen al Partido, volviéndolo masivo, pero siempre desde la perspectiva de una masividad de vanguardia y no de masa en abstracto. Sin embargo, esto no implica que el partido se vuelva laxo (como son los partidos simplemente de masas) sino por el contrario que la construcción masiva es cualitativa, ya que cada vez hay un mayor componente de la clase que asume consecuentemente la construcción del socialismo (es decir, que se asume como vanguardia). Pero en un contexto en el cual una corriente no tiene un movimiento de masas, es imposible la construcción de un partido de cuadros masivo. Por el contrario, quienes intentan partir de esta premisa terminan armando un reagrupamiento estéril que pretende sumar por el mote antes que por el programa. Lo que define a un Partido de cuadros es que busca estar conformado por sectores de vanguardia (y que sean estos los que le brinden masividad), a diferencia de los partidos de masas, que no diferencian entre masa abstracta y sectores avanzados.

La definición de partido es totalmente inseparable de la de programa. Esto muchas veces se da por supuesto pero no se comprende realmente. El Programa se define como la articulación entre una caracterización de dónde estamos, a dónde queremos llegar, y el camino a seguir para alcanzar esa meta. En nuestro caso concreto: una estrategia que lleva desde el análisis crítico del Capitalismo hasta la ruptura revolucionaria y la instauración de la sociedad Comunista anárquica. El programa no es simplemente la suma de reivindicaciones finales a las que queremos llegar (abolición de la propiedad privada, descentralización del poder político, organización comunista de la producción, etc.) sino un mapa de guerra para ganar la contienda del Trabajo contra el Capital.

El partido es la forma material que toma ese programa: la forma organizativa que permite que determinado tipo de militante lleve adelante ese programa, a la par de ser guiado por este. Pero al mismo tiempo no se trata de que el partido esté subordinado al programa, sino que son elementos indisolubles. Este condiciona el partido y viceversa. A su vez, a un determinado tipo de programa le corresponde un determinado tipo de partido, analizándolos tanto desde sus caracterizaciones sobre etapa y coyuntura, así como de sus estrategias, métodos de construcción, finalidades, perfil militante, etc. Más abajo profundizaremos esta cuestión cuando comparemos el modelo de Partido Libertario con el de Partido Leninista.

b) Programa y Partido: construcciones históricas

Ahora bien, el error de la mayoría de la izquierda, y el cual es repetido por muchos anarquistas hoy en día, es caer en un análisis idealista del partido y del programa, en el cual estos se construyen (o más bien decretan) de un día para el otro, sin tomar en consideración un análisis materialista, sistémico e histórico de la lucha de clases. Es por esta razón que se asimila partido y organización, o se plantea que el programa se construye sentándonos en una mesa a escribir lo máximo que podamos. Eso es puro idealismo y lo que genera es una enorme confusión sobre las tareas a emprender por parte de los comunistas libertarios.

La historia nos muestra que una política es realmente revolucionaria cuando puede ofrecer a las masas mucho más que una mera idea abstracta. Es decir, una organización pasa a ser verdaderamente revolucionaria (superando la “intención” o “potencia” revolucionaria) cuando tiene una política de masas que pueda brindarles soluciones concretas en la lucha contra el Capital. En un contexto no revolucionario la idea de construcción de un partido de masas se muestra absolutamente ineficaz para construir un programa revolucionario y orientar un proceso político, ya que el priorizar el crecimiento meramente numérico lleva a todo tipo de desviaciones (caudillismo/verticalismo, idealismo, militancia indisciplinada, burocracia, etc.) y por ende a la esterilidad. Sin disciplina y responsabilidad colectiva jamás se podría lograr la construcción de un programa para la revolución. Esto no es algo que meramente le pasa al marxismo-leninismo, sino también al anarquismo. El ejemplo de la FAI, sintetista, es más que clarificador: sin una concepción clara del Programa y el Partido, cayeron en un desviacionismo que costó caro no sólo a los anarquistas, sino a la clase obrera y la revolución española. Por ende, sin programa no hay ni partido ni política de masas. Justamente ese es el balance mismo de los revolucionarios anarquistas en Rusia, plasmado en La Plataforma. Habiendo un importante desarrollo del anarquismo en varias partes del país (no sólo en Ukrania, ya que los Comités de fábrica fueron organizados en muchos casos por el anarquismo, con cuadros obreros como el mismo Maximoff), el anarquismo no pudo orientar el proceso de masas, ya que se encontraba altamente disperso y sin un programa unitario. Por el contrario, los bolcheviques (no sin enormes contradicciones internas) pudieron ofrecer una alternativa a las masas para la toma del poder. Las “Tesis de Abril”, las consignas “Todo el poder al los soviets” o “Paz, pan y trabajo” son consignas propias de un partido con un programa y una política de masas. Luego queda por discutir en qué consiste ese partido, ese programa y esa política de masas, que llevaron finalmente a la muerte de la revolución. Sin embargo, queremos destacar con esto que sin organización partidaria y sin programa, nuestra corriente es incapaz de lograr un peso real y hacer que la clase abrace el comunismo libertario.

Pero más allá de estos ejemplos históricos, lo que debemos tener presente es que el Partido y el Programa son construcciones históricas, producto de la lucha de clases. Un verdadero programa revolucionario sólo puede construirse en un momento altamente avanzado de la lucha de clases, y donde tengamos militantes con una real inserción como para poder proyectar un plan de transformación total de la sociedad (un Programa revolucionario Integral). La forma que tome lo que nosotros entendemos por el Partido Libertario (su estructura concreta y formal) no están determinadas de antemano, sino que irán de la mano de las necesidades que genere la construcción de dicho programa y su aplicación en la práctica. Lo que si podemos estar seguros es que el Partido Libertario, para poder cumplir con la tarea histórica, deberá tener un piso elevado de disciplina y formación de sus cuadros políticos. Esto último sólo podrá realizarse en un contexto importante de desarrollo del anarquismo.

c) Partido de la Clase, Partido Libertario y Partido Leninista

En sus textos clásicos, como el Manifiesto Comunista, Marx hablaba del “Partido de la clase”, como la clase obrera en sí (objetivamente) y con conciencia para sí (subjetivamente, planteandose la transformación revolucionaria de la sociedad y la instauración del comunismo). Dentro del partido de la clase entraban para él el conjunto de las organizaciones políticas, sindicales, etc. partidarias revolución social (“partidarias del socialismo el comunismo y la anarquía”). Vemos aquí que Marx usaba partido de la clase como movimiento obrero revolucionario, en el cual convivían las distintas expresiones políticas revolucionarias que aportaran a la lucha contra el Capitalismo. El rol que deparaba a los comunistas en el sentido marxista era el de ser la guía programática de este movimiento de masas. Es decir, el de lograr la hegemonía política dentro del movimiento revolucionario para orientar el proceso. Coincidimos plenamente con este planteo, que sirve de forma general para pensar el rol del Partido Libertario en la revolución. Aun así, es completamente abstracto y no explicita para nada la forma y estructuración que toma ese partido de la clase (¿frente único, frente democrático, frente de masas, combinaciones varias?).

El partido de la clase es la clase con conciencia revolucionaria. Puede usarse este término u otro, pero lo importante es pensarlo como un movimiento masivo donde conviven diferentes tendencias políticas, con variantes en cuanto al programa. En líneas generales en los momentos de crisis revolucionaria el movimiento de la clase tiende hacia la polarización entre un ala libertaria y un ala autoritaria, los cuales plantean distintas variantes de programa revolucionario. Ambas expresiones pueden, si realizan correctamente su trabajo, constituir partidos y programas respectivos, y lucharán por la hegemonía dentro del partido de la clase. Las diferencias pueden parecer obias, pero queremos marcar bien en qué consiste cada partido, ya que en general esta cuestión es la que hace que muchos anarquistas sigan rechazando el término partido, ya que temen caer en el autoritarismo (lo cual es comprensible pero no por eso menos falso).

El Partido Leninista se basa en la concepción de que la clase obrera es incapaz, por sí misma, de llegar a una conciencia revolucionaria que supere la etapa meramente económica de las luchas. Para éste la conciencia llega de la pequeña burguesía (la cual objetivamente puede llegar a pensar y desarrollar la ideología socialista), que se organiza para llevar el socialismo a las masas proletarias, que son las únicas materialmente capaces de hacer la revolución (aunque no de dirigirla). De esta concepción se desprende un centralismo verticalista. Puesto que la conciencia sale de un núcleo minoritario de la sociedad, el Partido Leninista debe tener una estructura que vaya de arriba hacia abajo, siendo el llamado centralismo democrático una democracia de tipo burguesa, cuasi parlamentaria, en la cual la base elige a sus representantes (el Comité Central), que elaboran la línea a seguir por parte de toda la organización. El cuadro leninista es o un dirigente que digita la línea de toda la estructura, o un militante de base que puede ejecutar a la perfección su función política asignada. De todas maneras la disciplina siempre es vertical y sin autonomía. Esta estructura vertical se traslada hacia los espacios de masas, en los cuales el Partido debe dirigir como sea a la clase obrera. Ese es el concepto básico de Lenin elaborado en sus textos clásicos (que luego sufre una enorme degeneración posterior a la toma del poder en Rusia y con la construcción de partidos de masas en la 3era Internacional). Un partido Leninista de Cuadros, capaces de dirigir la revolución, que se piensa como la totalidad de la vanguardia de la clase (vanguardia en el sentido de sector objetivamente más avanzado en conciencia y organización del proletariado). De allí que el modelo clásico es el Partido Leninista único.

El Partido Libertario se basa en la concepción de que el socialismo surge como expresión de la lucha de los trabajadores frente a la explotación y opresión capitalista. El rol de la llamada pequeña burguesía o los intelectuales es abrazar y sistematizar estos elementos políticos (y no meramente económicos), pero que ya se encuentran en mayor o menor medida en el movimiento obrero, simplemente por su mayor disponibilidad de tiempo y capacidad teórica. Eso no quita que en muchos casos miembros directos del proletariado realicen dicha tarea. El tipo de estructura del Partido Libertario es el federalismo, entendido este como una centralización que mantiene la democracia de base para todos los militantes. Decimos centralización porque el Partido, su programa y su política es uno solo. Sin embargo, esta centralización se basa en una democracia de tipo obrera, en la cual las decisiones generales las toma el conjunto de la organización a través de la asamblea, mientras que luego se deja autonomía táctica a distintas instancias como puede ser un secretariado general que centralice la comunicación, finanzas, etc. de todo el Partido. Los cuadros libertarios no se distinguen entre dirigente y base, sino que todos son plenos en la decisión de la línea general del Partido. Es natural que existan figuras de renombre o militantes más capacitados (por su experiencia, habilidades, perfil, etc.) dentro de un movimiento, pero para nada eso se traduce en una estructura de poder por parte de esos individuos en particular. En todo caso cada miembro discute y gana/pierde la línea, sin más poder que su capacidad de convencer al resto. Es decir, no hay capacidad de ordenar por algún tipo de cargo lo que deben hacer el resto de los militantes (a diferencia de las estructuras centrales del leninismo). La disciplina es tan alta como en el Partido Leninista, pero colectiva y sobre la base del libre acuerdo y no por una imposición desde arriba. Cada militante asume libremente y por su voluntad una plena responsabilidad y debe cumplirla. Esta estructura está pensada para prefigurar la sociedad del mañana, y a su vez se traslada a los espacios de tendencia y de masas, los cuales deben tener tanto su propia autonomía como desarrollo, ya que serán las masas las que hagan la revolución, y en todo caso el Partido Libertario no es más que una porción minoritaria de esa vanguardia obrera (no en un sentido peyorativo ni verticalista en la cual la vanguardia se piensa y actúa por fuera de la clase o como si representara los intereses materiales de toda la clase). Por esta razón se entiende que posiblemente no haya un solo Partido revolucionario. Como marcamos al comienzo, este debate es histórico dentro de nuestra corriente. Nosotros consideramos que el anarco comunismo, cuando se ha planteando tener una política de masas real, ha pensado en términos de Partido y Programa. Así, sucede con la tradición que va desde Bakunin y la Alianza que trabajaba de cara a la 1era Internacional, pasando por La Plataforma y el Grupo Dielo Truda, el Manifiesto Comunista Libertario y en nuestro país la experiencia militante de Resistencia Libertaria y la Línea Anarco Comunista en los setenta, entre otras. En otros países la tradición sigue otros rumbos, pero en muchos casos mantiene el mismo eje programático y partidario.

Ambas tendencias históricas, dijimos, pueden constituirse en Partido. El problema es que el Partido Leninista, por los límites concretos a los que lleva su concepción de la revolución, en el caso de hegemonizar un proceso revolucionario sólo puede llevar tarde o temprano a la contrarrevolución. Esto se debe a que mantiene en su seno una ideología burguesa acerca de la organización revolucionaria (lo que no necesariamente es achacable a todo el marxismo), la cual ha degenerado históricamente en la reproducción de los elementos centrales del Capitalismo en el llamado Período de Transición: el Estado y el Capital. De allí que se vuelve sumamente necesario luchar por la construcción de nuestro Partido Libertario, para poder aportar al proceso revolucionario y a que este no degenere ni mantenga las bases del sistema capitalista. El rol del Partido Libertario es clave: ser la retaguardia que busque impedir el retroceso de la vanguardia y el avance de la contrarrevolución (más allá de ser una porción de la vanguardia en lo político, económico cultural o militar, etc.), planteando y buscando que hegemonice la revolución un programa basado en la autoemancipación de la clase obrera con autonomía de cualquier programa que no sea plenamente comunista, la destrucción del Capital, la progresiva descentralización del poder político, la construcción de una nueva cultura comunista en ruptura total con la ideología burguesa, el internacionalismo proletario, etc.

Por eso planteamos que el rol del anarquismo es construir un Partido de Cuadros y no un Partido meramente de masas. Estos últimos se basan en una idea abstracta de lo que es el anarquismo, y al plantearse niveles sumamente disímiles de responsabilidad, formación, disciplina, etc. terminan siendo incapaces de cumplir una tarea sumamente difícil y de vital importancia como es la construcción de un programa y de orientar el movimiento de masas por el camino libertario. Los Partidos de masas (entre los cuales el sintetismo es el más común, pero no el único) son un lastre para el anarquismo si este quiere volverse hegemónico frente a las corrientes autoritarias de la revolución. Y para nada se trata de una idea abstracta, sino que es lo que nos muestra la historia misma del anarquismo y de la lucha de clases. Con sólo ver el desarrollo del anarquismo en los últimos años en nuestro país podemos afirmar terminantemente que reagrupar y nuclear todo tipo de perfil en un mismo espacio sin una unidad política real es una práctica de construcción de partido de masas que no ha llevado hacia nada positivo.

La realidad nos impone la necesidad de entablar un proceso de construcción de un Partido de Cuadros que estén a la altura de las circunstancias (proceso que no se termina a corto plazo, sino más bien como un norte estratégico y programático). La definición de estos cuadros pasa por su capacidad material de poder dinamizar y orientar espacios de masas, construyendo y siendo guiados por el programa. Serán los militantes libertarios y de la clase que aportarán a las luchas del proletariado hasta su completa emancipación. El Partido Libertario será la articulación de estos cuadros con dicho Programa Anarco Comunista. Por ende las conclusiones a la que llegamos son simples: a) el Partido Libertario es una expresión histórica que sólo puede existir en dicho momento de avanzada de poder obrero y contrahegemonía; b) el Partido Libertario sólo puede ser un partido de cuadros, es decir, de militantes orgánicos a la clase y a su polo libertario, que tengan la capacidad material de orientar el rumbo de las luchas que se libren en distintos frentes donde se hallen realizando su trabajo de inserción, y con la posibilidad de que el partido exprese una política de masas.

2- Situación actual del anarquismo y la lucha de clases

a) Breve caracterización de la lucha de clases en Argentina

La situación actual de la lucha de clases en nuestro país se encuentra marcada sobre la base de un proceso contrarrevolucionario que comienza con el reflujo de masas a partir de 1975, en el cual aquel movimiento obrero de los sesenta y setenta que supo construir el Cordobazo, Viborazo, Villazo y las Coordinadoras Interfabriles en Capital y el Gran Buenos Aires fue derrotado por la ofensiva burguesa, culminando en la dictadura militar de 1976, la cual vino a barrer con toda la organización del sector más avanzado del proletariado (la enorme mayoría de los treinta mil desaparecidos eran activistas sindicales provenientes de las filas de la clase obrera). El partido militar, vanguardia de la contrarrevolución argentina, vino a poner fin a la avanzada de la clase obrera que apuntaba a la construcción de un poder revolucionario, con el objetivo directo de reestructurar el capitalismo argentino en crisis para mantener las tasas de competencia en el mercado internacional. Para esto se requería un ajuste forzado, ya que la democracia se mostraba ineficaz para domesticar a los trabajadores.

Este reflujo se profundiza en los 80 y 90 bajo una salvaje avanzada del Capital sobre la clase trabajadora aumentando los niveles de explotación, flexibilización y desocupación, vaciando los servicios públicos tales como educación, salud, vivienda, etc. En este contexto comienzan a reconstruirse poco a poco desde abajo los lazos sociales, y la organización obrera comienza a resurgir luego de 20 años, dando lugar a fines de los noventa un importante movimiento proletario de masas con reclamos específicos de la clase, en las cuales toma un importante rol el trabajador desocupado junto al trabajador asalariado. Dicho proceso culmina en las jornadas del 2001, el cual cambia la correlación de fuerzas dentro de la lucha de clases. No es el objetivo hacer un análisis de los pormenores de este desarrollo, que demandaría otro documento, pero sí marcar que el 2001 fue un antes y un después en la situación política local. Un análisis objetivo y no meramente propagandístico muestra que dicho proceso no fue una situación revolucionaria como marcan ciertas corrientes trotskistas, ni tampoco fue una emergencia de los nuevos actores sociales como plantean ciertas corrientes ligadas al autonomismo y posmodernismo. El grado de construcción de poder obrero y un programa contrahegemónico era aún limitado, pero efectivamente implicó un movimiento de distintas fracciones de la clase trabajadora, que salieron a la calle utilizando sus herramientas históricas, como la acción directa, la solidaridad, y por sobre todo la organización desde la democracia de base, emergiendo las asambleas como estructura organizativa popular.

La situación objetiva a la que se enfrentan los revolucionarios de nuestro país está también signada por un capitalismo dependiente, en el cual la frágil estabilidad ante las crisis capitalistas mantiene en una situación de constante movimiento, tanto a la burguesía por conservar sus tasas de ganancia (con las constantes pujas entre sus sectores internos) como a la clase obrera por no dejarse explotar en mayor medida, pero sin poder forjar un movimiento realmente consecuente con esta defensa de sus derechos (entre otras cosas, debido al fuerte rol contenedor de la burocracia sindical). El 2001 vino a marcar una nueva correlación de fuerzas en nuestro país, en el cual la burguesía debió adaptarse a los levantamientos de nuestra clase. Sin dejar de estar en un período de reflujo, el kirchnerismo vino al menos a recomponer el aparato de gobernabilidad burguesa (luego del famoso “que se vayan todos”, que representaba una gran desconfianza en las instituciones democráticas tradicionales, aunque no necesariamente del capitalismo y el Estado) y gestionar el reacomodamiento del capitalismo argentino luego de la crisis. Es por eso que el gobierno se apoya en una base social popular suficientemente leal como para votar masivamente el actual modelo, pero no tan domesticada como para soportar el brutal sometimiento económico. Así, cada vez se observa un mayor crecimiento de las luchas por reclamos de la clase por salarios, condiciones de trabajo, etc. que sólo puede ser paradas con la represión sistemática (miles de presos políticos, gatillo fácil, patotas, etc.) junto a la complicidad de la burocracia sindical (que tranza convenios, techos de paritarias en las que los aumentos no alcanzan para el bolsillo del trabajador por que se los come la inflación, patotas para perseguir activistas, etc.). Desde ya que la correlación sigue siendo altamente desfavorable para la clase obrera y la izquierda revolucionaria en su conjunto, pero es un paso adelante en comparación con los noventa, ya que es esa generación del 2001 la que cada vez asume con mayor compromiso la necesidad de construcción del poder obrero.

En este contexto el nivel de conciencia y organización del proletariado aun es bajo. Si bien las tasas de sindicalización son más elevadas que en otros paises de latinoamérica, no se puede hablar de un verdadero movimiento obrero, sino que el nivel de fragmentación es alto, y las luchas no suelen superar los reclamos sectoriales. Inclusive el llamado clasismo (en muchos casos ligado al trotskismo, con todas sus limitaciones) si bien ha tenido importantes desarrollos en diversos conflictos obreros, aun se mantiene altamente aislado de la experiencia concreta de la gran mayoría de los trabajadores del país, incluyendo aquellos sectores que podríamos considerar más estratégicos para la reproducción del Capital en Argentina. Aun así, el nivel de conflictividad es alto (no por eso revolucionario o inclusive crítico de la burocracia), pero no logra canalizarse hacia un movimiento de masas que supere la organización burocrática del sindicalismo, ni muchos menos la conciencia reformista de la clase obrera. En este campo la influencia de la izquierda sigue siendo baja, y mucho más lo es la del anarquismo.

b) El anarquismo desde el 2001 hasta el presente

A pesar del importante avance que representó para nuestra clase el llamado Argentinazo, uno de los fracasos de nuestra corriente es el no haber estado lo suficientemente organizada como para poder ofrecer una política y estructuración concreta a tantos compañeros que participaron de dicho proceso. Muchos de ellos, al no ver una alternativa de organización libertaria terminaron en otros espacios, en el mejor de los casos el trotskismo o el autonomismo, y en el peor de los casos el kirchnerismo. A la par, la falta de claridad estratégica y programática nos llevó a cometer diversos errores en donde deberían haber planteos concretos para el movimiento de masas que salía a las calles, que recuperaba fábricas, que ganaba federaciones estudiantiles, etc. Nuevamente aquí el problema de la organización y el programa fueron la causa del fracaso del anarquismo para poder capitalizar un proceso político. Los planteos del Grupo Dielo Truda tienen tanta vigencia como hace más de 80 años.

Sin embargo, el 2001 pudo no haber dejado la revolución, ni tampoco haber sido hegemonizado por el anarco comunismo, pero indudablemente reactualizó las prácticas de lucha históricas de la clase, con las cuales nos identificamos fuertemente los anarquistas. Luego de dicho proceso los métodos de la democracia y la acción directa (al menos como forma, y no necesariamente con un contenido clasista) continúan presentes hasta hoy en día en casi la totalidad de las luchas sindicales, estudiantiles, barriales, etc. Asumiendo el fracaso que representó el 2001 para nuestra corriente, buscamos entender lo significativo de este proceso para la clase obrera, y nos proponemos sobre esta caracterización solucionar los errores o falencias que ha tenido el anarquismo, para volver a tener peso en las luchas políticas necesarias para la construcción del comunismo libertario. El contexto de vuelta a la utilización de dichos métodos ha generado un campo propicio para la reconstrucción de un anarquismo clasista y comunista.

Acorde a una línea materialista, el anarquismo para nosotros surge como expresión de agudización de la lucha de clases. Es así que en un momento de reflujo nuestra ideología no tendrá jamás un desarrollo e inserción masiva. Hablar hoy en día de tal cosa como un movimiento anarquista, como sostienen algunos compañeros, es un error de caracterización/análisis. Un movimiento no se define porque hayan 2 o 3 o 20 grupos que se autoreivindiquen con una idea, sino con una ligazón a un movimiento real de masas, con un mínimo de base programática en común, referentes públicos, cuadros militantes que puedan tener una incidencia real en las luchas, etc. Eso hoy en día ni existe en nuestra corriente por lo cual hablar de movimiento anarquista es puro idealismo. Es por esta razón que hablamos de la necesidad de reconstrucción del anarquismo.

Aún así existieron en los últimos años ciertos experiencias concretas y ciertos esbozos de anarquismo militante, de las cuales hemos participado en su momento, aunque actualmente consideramos superados por las necesidades de la militancia real misma. Antes, durante y luego del 2001 distintos compañeros retomaron las banderas del anarquismo y se propusieron una inserción social. Estos acumularon una mínima base programática, a la par de un reagrupamiento de compañeros en diversos frentes que levantaban (en muchos casos con altos contenidos idealistas, con enormes contradicciones y particularidades en cada caso) las banderas del anarquismo organizado. Principalmente nos referimos a organizaciones, hoy en día disueltas, como fueron AUCA, OSL (Organización Socialista Libertaria) y RL (Red Libertaria). Es en este sentido que vemos en la situación actual del anarquismo una perspectiva abierta para una superación, que como Línea Anarco Comunista pretendemos profundizar. A más de 10 años del 2001 se llega a una situación diferente del estado anterior del anarquismo, que permite la posibilidad de dar un salto cualitativo para pensar una anarquismo partidario y programático que a futuro pueda proyectar una política revolucionaria para las masas.

c) Características del proceso de transición del anarquismo argentino

Consideramos que el anarquismo en nuestro país atraviesa un proceso de transición. Este proceso se inicia con el desarrollo en profundidad de una perspectiva organizada y programática del anarquismo (a partir de la experiencia de las organizaciones anteriormente citadas), con compañeros trabajando en distintos frentes de masas. Dicha transición va superando una concepción idealista de un anarquismo construido sin trabajo de inserción en los espacios de masas, que lleva un programa abstracto en tendencias que sirven meramente como aparato de propaganda, sobre la base de una moral que no termina de definirse comunista y un nivel de disciplina pequeñoburgués y no clasista. En síntesis, la superación de un estadío obsoleto que negaba la construcción partidaria y programática. En esta transición se van dejando de lado ciertos elementos que primaron durante años y hoy en día se muestran como estorbos para la militancia. Entre los elementos que van siendo superados podemos marcar como los más importantes:

- Reagrupamiento de individualidades: dicha etapa de reagrupamiento ideológico consistió en el supuesto argumento de que el 2001 había dejado muchos anarquistas dispersos, a los cuales en este caso la Red Libertaria (un reagrupamiento ideológico que hacía las de específica) tenía que volver a juntar. Este planteo, que en abstracto puede sonar coherente, en algunos casos sirvió para juntar en un mismo espacio a un puñado de individuos que conformaron una experiencia y línea en común. Sin embargo, los perfiles tan disímiles y el nivel bajo de organicidad entre los militantes terminan siempre provocando que se polarice la organización, hasta su ruptura. Esto sucede al convivir en la misma organización compañeros que se plantean la militancia como un proyecto de vida y pretenden orientar hacia ese lugar el anarquismo, al mismo tiempo que compañeros con un nivel de disciplina y formación muy bajo retrasan la discusión y el desarrollo programático.

- Secretismo: sobre la base de una enorme confusión entre contenido y forma de ciertas experiencias del anarquismo (la Alianza, la OPB de Fontenis), así como un culto infantil a la clandestinidad de viejas épocas, ha sido un enorme problema la construcción de un perfil secretista de la militancia. En muchos casos esto ha ido acompañado de una concepción altamente autoritaria en la cual el ocultamiento de información reprodujo diversos verticalismos en el seno de las distintas organizaciones, tanto entre miembros de núcleos políticos de corte “especifista”, así como entre dichos núcleos y organizaciones de tendencia. El secretismo no sólo no se justifica sobre bases materiales, como podría ser la represión, sino que inclusive frena el desarrollo político del anarquismo, ya que reproduce todo tipo de vicios que atentan contra la formación militante de compañeros, como es el ocultamiento de información, que en muchos casos va acompañado del verticalismo por las desigualdades de formación y acceso a datos vitales.

- Moral y disciplina pequeñoburguesas: un elemento que ha caracterizado la anterior etapa del anarquismo, y hoy en día está en vías de ser revertido, es una concepción de la militancia de forma liberal o pequeño burguesa. Ésta se observa en los casos en que no se toma la militancia de forma seria, manteniendo actitudes de personalismo, irresponsabilidad, inorganicidad hacia los espacios de militancia, etc. Dicha moral y baja disciplina tiene que ver con no asumir plenamente las responsabilidades que implica la militancia anarco comunista, sino con priorizar los intereses subjetivos e individuales antes que lo que requiere el proyecto colectivo. Esta moral pequeñoburguesa e individualista toma inclusive la forma del secretismo, que se basa en considerar al otro como incapaz de comprender cuales son las tareas que debe realizar el anarquismo, y en muchos casos una simple ficha de ajedrez para mover. Esto no sólo es grave para una organización de tipo “específica”, sino inclusive en agrupaciones de base, tendencias, etc. Frena el desarrollo de los espacios de militancia, e inclusive es un mal ejemplo de cara hacia compañeros que están acercándose al anarquismo y esperan de la militancia activa que estén a la altura de sus planteos políticos.

- Construcciones superestructurales: de la mano de los elementos anteriores el anarquismo tuvo y tiene una impronta de construcción superestructural que prioriza lo subjetivo antes que la estrategia. Así, en las organizaciones importaba más referenciar al anarquismo como una pose o una ideología abstracta, antes que construyendo un programa serio para intervenir en la realidad. Si bien la propagada es un elemento central de toda construcción, se vuelve en vano cuando no tiene un sustento político: una estrategia de hacia adonde va a la organización. Este elemento se encuentra pulverizado por la realidad concreta que nos impone militar de cara a las masas, que esperan de nosotros mucho más que banderas, sino un plan de acción para poder desarrollar la lucha.

Todos los problemas marcados arriba se desprenden en realidad de una falta real de claridad programática de los militantes que levantan la necesidad del reagrupamiento, de las organizaciones secretas, de un piso bajo del anarquismo para la actualidad, o de un desarrollo meramente superestructural o simbólico. Sin embargo, las necesidades que genera la militancia real y no meramente abstracta van llevando a que dentro del anarco comunismo se superen concientemente estos elementos obsoletos para la política real. Así, cada día son más los militantes que asumen una construcción clasista, programática, disciplinada y orgánica.

3- Las tareas actuales del anarco comunismo

a) Construcción de un núcleo político del anarquismo:

Frente a las necesidades actuales del anarquismo de pensar y militar en términos de partido y programa, con el objetivo de construir el Partido Libertario, consideramos que una de las tareas principales es el desarrollo de un núcleo político que esté a la altura de dinamizar dicho proceso. Esta es la base central de nuestro llamado “Programa para el Anarco Comunismo”, que sienta las bases para lo que nosotros entendemos son las tareas para la etapa en nuestro país.

En los términos que se mueve el anarquismo en nuestro continente el núcleo político suele tomar el lugar de una organización anarquista específica, que aporta a la construcción de tendencias en distintos frentes de masas. Sin embargo, dicho núcleo es en esencia distinto a como se viene practicando la construcción especifista en Argentina y en Latinoamérica. El núcleo político no es ni debe ser el embrión del Partido Libertario. Eso es un error en el que han caído muchos compañeros, que confunden construcción partidaria con específica. Está demostrado por la experiencia de nuestro país que una tendencia puede ser tan específicamente política y anarquista como es una organización “especifista” clásica (formando militantes, construyendo un programa, disputando hegemonía, etc.). Lo que queremos decir es que el modelo abstracto de los 3 niveles como se viene practicando en Argentina carece de utilidad, ya que ha sido superado por la realidad misma. Por el contrario, hoy en día más que aportar, retrasa el desarrollo de nuestra corriente, haciendo que muchos compañeros confundan las tareas necesarias de la etapa (pensando que construir partido es discutir en abstracto por fuera de la militancia en tendencias y espacios de masas), y en el peor de los casos ha reproducido una postura autoritaria y verticalista acerca del rol de la específica hacia la tendencia.

Nuestra concepción rompe con la idea practicada en nuestro país de una específica política que construye programa mientras las tendencias son meros aparatos de propaganda. Esta idea fue desarrollada principalmente por parte de quienes levantaban y levantan aun la idea de la necesidad de un reagrupamiento, así como por parte de quienes buscaban a partir de una específica secreta construir su propio partido (en muchos casos existen individuos que practicaban ambas estrategias como complementarias). Esta idea sumamente abstracta ha dificultado el desarrollo de las tendencias (reproduciendo el paternalismo, verticalismo, indisciplina, etc.), y a la par ha bloqueado el desarrollo de un verdadero núcleo político, obturando el crecimiento de militantes al estancarlos en discusiones abstractas en espacios totalmente heterogéneos como son los reagrupamientos, confundiendo las tareas de aquellos que realmente quieren aportar al Partido Libertario, etc.

En el proceso de transición que vive el anarquismo en Argentina el núcleo político debe buscar aportar claridad acerca de las tareas a realizar para la etapa. Esta cuestión debe ser llevada sin ningún vicio de vanguardismo abstracto o verticalismo, sino a través de la construcción y formación junto a todos los militantes que levantan las banderas de nuestra corriente en las tendencias, agrupaciones de base, espacios de masas, etc. Dicho núcleo político debe tomar como acuerdos las bases históricas del anarco comunismo. Estas son:

- El clasismo: como caracterización del la clase trabajadora como sujeto revolucionario, sus herramientas históricas, su rol en los procesos de masas, etc. Es la guía central de toda organización que pretenda la construcción del poder obrero y una contrahegemonía frente al Capitalismo, siendo el proletariado el único sujeto revolucionario capaz de edificar un mundo socialista.

- Comunismo libertario: siendo la sociedad a construir, la meta final del programa anarco comunista. Una sociedad sin clases, compuesta de trabajadores libres y autoorganizados, en los cuales no exista Estado ni propiedad privada, sino que los medios de producción y distribución pertenezcan a la sociedad misma, que los utilice según sus necesidades y no las de una minoría que se apropia del excedente que producen millones de personas, creando así toda una nueva forma de vida y una cultura plenamente comunista. Esta definición implica también una serie de elementos acerca de las herramientas a aplicar en el proceso revolucionario, como son los soviets, consejos, comunas, etc.

- Sindicalismo: como la herramienta fundamental para la organización y lucha de la clase trabajadora en tanto clase. No sólo posibilita la lucha por la defensa de los intereses inmediatos del proletariado, sino que es a través de su desarrollo como real herramienta de democracia directa en el que nuestra clase puede comprender las contradicciones de la sociedad capitalista actual y forjar una conciencia política revolucionaria. Es en el sindicalismo (en sus distintas variantes según la situación, frente de trabajo, etc.) donde debemos construir el programa revolucionario para aportar a la emancipación de la clase obrera.

- Construcción programática: como guía de la praxis militante desde la situación actual hasta la finalidad comunista libertaria, pasando por todas las estrategias y tácticas para recorrer dicho camino. Este programa no surge de un análisis abstracto y ahistórico, sino del conocimiento de la sociedad real, a través de la inserción del anarquismo en los distintos frentes. El programa anarco comunista deberá ser integral, abarcando aspectos tan fundamentales como los sectores estratégicos donde acumular fuerza, las características de la revolución en nuestro país y a nivel internacional, el rol de las fuerzas armadas y los partidos patronales, las formas que tendrá el poder obrero y la guerra revolucionaria, la nueva cultura y hegemonía comunista, las bases de la sociedad comunista libertaria, etc. siempre contemplando las formas táctico-estratégicas para lograr esta construcción (y no un mero rejunte de consignas).

-Construcción partidaria: como base imprescindible para la acumulación programática. Sin una organización que forje cuadros militantes capaces de construir un programa revolucionario es imposible dicha tarea. El núcleo duro de esta construcción debe levantar como acuerdos fundamentales la unidad teórica, unidad estratégica, responsabilidad y disciplina colectiva y el federalismo, bases para una construcción partidaria realmente consecuente con nuestra ideología, nuestros fines y medios. El Partido Libertario es un objetivo parcial en la lucha por la construcción de la hegemonía proletaria y del ala libertaria dentro del Partido de la Clase (frente a las tendencias autoritarias/leninistas).

- Materialismo: como único medio para comprender la realidad en la cual se moverán los revolucionarios. La única forma de embarcarnos en la construcción del Partido Libertario y su programa anarco comunista es teniendo un análisis materialista de la sociedad en la que vivimos, partiendo de una visión sistémica (y no reduccionista) e histórica (y no metafísica) que nos permita el desarrollo de un programa verdaderamente revolucionario para la revolución, sin ningún rastro de idealismo. El materialismo es la única forma de comprender cabalmente el Capitalismo y las vías para su destrucción.

La idea del núcleo político es mucho más que la organización que contenga los militantes más disciplinados o capaces. Este se compone por todos aquellos que compartan una línea común acerca de las tareas a realizar para la construcción del Partido Libertario y la lleven a la práctica con responsabilidad militante. Considerar organicidad meramente a estar sentados en una misma mesa todas las semanas es un formalismo. La organicidad debe ser acorde a la línea estratégica y no a gente en abstracto. Mismo dentro de un reagrupamiento la experiencia nos ha mostrado que la organicidad es completamente nula, ya que se nuclean individualidades, y las organicidades exceden a la estructura misma de la organización. A la vez, por más acuerdo en abstracto que tengan ciertos compañeros acerca de la construcción del Partido, jamás podría considerarse parte de un núcleo político a individuos que mantengan en su práctica un comportamiento pequeño burgués y reproduzca los vicios pasados del anarquismo como son la indisciplina, el subjetivismo, el paternalismo, el secretismo, etc. Dicho núcleo político no se forma sobre una discusión abstracta de textos, sino desde los acuerdos militantes en la praxis revolucionaria concreta y sobre la base de una estrategia construida en conjunto sobre las necesidades materiales. Es por esta razón que un núcleo político no puede surgir de un reagrupamiento abstracto.

El núcleo político del anarquismo debe tener la claridad, disciplina y responsabilidad colectiva para ser un espacio consecuente con la estrategia de construcción a futuro del Partido Libertario. De allí que un elemento indispensable es la capacidad de discutir el proyecto de inserción de cada militante, y no nuclear en su interior militancia abstracta y sin un frente concreto. Debe a su vez fomentar el desarrollo del programa anarquista en los distintos espacios de trabajo, tanto a nivel particular en cada frente (lo que podemos llamar programa particular) como a nivel de coordinación y construcción de un programa total para la revolución (lo que podemos llamar programa integral). Sin embargo, para nada debe pensarse como un partido que tiene de antemano el programa y los cuadros militantes. Por el contrario, su rol es de aportar a la formación de cuadros de la clase y del anarquismo, lo cual sólo puede darse en los frentes de masas. De allí que su rol es ser una herramienta de las tendencias, y no a la inversa.

b) El desarrollo de los espacios de tendencia

Una tarea primordial del anarquismo para la actual etapa es el desarrollo de espacios de tendencia en los distintos frentes políticos de masas (estudiantil, sindical, barrial, cultural, teórico, etc.). Esto es clave acorde a una estrategia de reconstrucción de nuestra corriente, por diversos motivos que hacen a la construcción del Programa para el Anarco Comunismo.

Para comenzar, es conveniente aclarar que el planteo que en Argentina el anarquismo pone en práctica sobre las tendencias no tiene nada que ver con una idea abstracta de 3 niveles en los cuales sólo 1 (la específica) tendría roles políticos y programáticos. Por el contrario, para una real construcción anarquista las tendencias cobran un rol primordial en cuanto a formación de cuadros, construcción programática, etc. A su vez, tampoco puede caerse en planteos de construcción mecánica de tendencias anarquistas en cualquier frente. Principalmente en el medio obrero esto resulta una automarginación completa, un error político que puede costarnos caro, ya que allí las tareas de construcción y politización son otras, en un frente mucho menos ideologizado.

Como venimos planteando, desde una concepción materialista, los cuadros se forman en los espacios de masas. Esta frase, que puede sonar trivial y trillada, es una clave de la construcción política. Porque la realidad es que un militante Cuadro, que tenga una capacidad real para aportar con peso a la lucha de clases, no se forma sólo leyendo libros o discutiendo en una mesa todas las semanas. Por el contrario, en los frentes de masas, donde uno tiene que pensar y construir una estrategia y un método de trabajo acorde para llevarla a cabo, es en dónde los militantes comienzan a poner a prueba sus capacidades (de disciplina, formación, capacidad de orientación táctica y estratégica, logística, etc.) y formarse para el día de mañana ser Cuadros. Es así que una tendencia en un frente concreto da la estructura a cada militante para poder desarrollarse. A la par, es a través de estos espacios en los cuales los militantes van proyectando la construcción del programa. La tendencia brinda la estructura para que pueda pensarse el programa particular en un frente determinado, y en su momento en coordinación con otros frentes, para proyectar el programa integral. Al mismo tiempo, al ser las tendencias los espacios directos hacia las masas, es allí donde se construirá la política de masas del anarquismo.

Es sumamente importante que los espacios de tendencia mantengan siempre su autonomía, no sólo entre sí, sino de cualquier organización, incluyendo el núcleo político formal. Esto no es una cuestión moral, sino que hace al desarrollo propio de los espacios, que no deben estar subordinados jamás a otra estructura. Si esto sucediera, se perdería la potencialidad real de estas para formar cuadros de la clase y un programa revolucionario. Los casos de pérdida de autonomía llevan a alejamientos de compañeros, rupturas de secciones o agrupamientos enteros, y van minando la subjetividad de la organización. Una tendencia no necesita una “específica” que le diga lo que tiene que hacer para poder funcionar. Tampoco el rol de una tendencia es ser una mera cantera para organizaciones externas. Por eso la autonomía no puede ser formal, sino política. Y en esto el rol del núcleo político es aportar a la formación de todos los militantes y al desarrollo de la tendencia en tanto tendencia. Por eso ante todo ésta debe ser conciente de su rol específico dentro de la reconstrucción del anarquismo y del carácter orgánico propio que debe tener. Al único espacio al que debe subordinarse la tendencia es a la clase misma en sus organizaciones de masas, pero sólo a través del principio y la práctica de la democracia obrera.

Por ende carece de total sentido el idealismo de que una organización específica puede construir un programa y una tendencia no, o de que la formación de cuadros pertenece a la primera y no a las segundas. Por el contrario, el caso empírico argentino (forjado por las necesidades materiales y no por intereses meramente subjetivos) demuestra que una tendencia puede y debe orientarse primordialmente a la formación de Cuadros y a la construcción del Programa. Por dicha razón es una tarea fundamental para el núcleo político del anarquismo aportar todo lo posible para que estas tendencias se desarrollen y tengan peso político en la realidad (superando inclusive lo viejo del anarquismo), hasta tener una inserción real en la lucha de clases.

c) Hacia la construcción del partido libertario: un partido revolucionario de cuadros

Como marcamos desde el comienzo, el objetivo del núcleo político es aportar y dinamizar la construcción a futuro del Partido Libertario. Como toda organización, este Partido es una herramienta y no una finalidad. Un objetivo parcial en la construcción del Partido de la Clase. Sólo este Partido de cuadros podrá disputar la hegemonía dentro del movimiento de masas, tanto al reformismo como al polo autoritario de la clase.

El Partido Libertario es el conjunto de las organizaciones anarquistas que comparten un programa anarco comunista. No se trata de una organización política separada o con una estructura formal como suelen ser lo que se conoce como partidos, sino el anarquismo mismo unido detrás de un programa revolucionario construido desde los distintos frentes. La forma que tome este Partido no puede estar determinada de antemano sino que será una construcción histórica que sólo será esbozada a través de nuestra inserción y desarrollo profundo de la lucha de clases. Así, por ejemplo, el Partido Libertario podía verse en el movimiento de la 1era Internacional a través de la Alianza de Bakunin, como Partido internacional que trabajaba en un frente específico. En nuestro caso no tenemos la receta mágica, sino que será una construcción que surja de las necesidades que nos imponga la lucha de clases. Lo que sí puede descartarse es una estructura que surja meramente del núcleo político, ya que vimos que el rol de este es dinamizar la construcción de dicho Partido.

Utilizamos el término Partido ya que consideramos que expresa la realidad y necesidad histórica de una misma orientación programática y no meramente idealista o subjetiva (como la que plantea el sintetismo, que une tendencias irreconciliables, entre las cuales algunas ni siquiera son anarquistas). Pero como planteaba Nestor Makhno en la discusión acerca de La Plataforma, llámeselo Partido o Unión General, lo importante no es lo formal, sino el contenido específico: un mismo Programa. Es esta voluntad de construcción del Partido Libertario la que mayores frutos le dio al anarquismo, y es su ausencia la que mayores derrotas nos ha costado. Por eso consideramos errado que se rechaze la construcción de partido argumentando que un partido es algo externo al anarquismo, a las tendencias o a las masas. El Partido Libertario es el anarquismo mismo constituido en Partido en base a tener el mismo programa, que como ya marcamos una y otra vez, surge de los frentes de masas y de los militantes que construyen tendencias, formándose así como cuadros.

El Partido Libertario deberá ser un Partido de cuadros porque tendrá militantes formados en los frentes de masas con la capacidad (en forma de habilidad, experiencia y disciplina) para orientar las luchas y aportar eficazmente a la hegemonía del anarquismo en el proceso de masas. Por el contrario a la concepción de construcción de un partido de masas que suma dentro del anarquismo tanto a aquellos militantes anarco comunistas consecuentes como a todo aquel que en abstracto se reivindique anarquista, independientemente de su nivel de conciencia y disciplina para la militancia. La formación de estos cuadros es un proceso y no algo que se decrete, pero sin la perspectiva por parte de cada individuo jamás pueden formarse cuadros. Por eso descartamos plenamente que pueda surgir un partido de cuadros de la discusión abstracta o de la militancia por fuera de tendencias o en ellas pero de forma indisciplinada.

Un Partido, como construcción que toma partida por un proyecto anarco comunista de forma plenamente consecuente. Y para eso no basta con decir en abstracto que queremos el comunismo libertario o inclusive el Partido Libertario, sino que para tomar partida hace falta tener la conciencia y capacidad (de allí la necesidad de cuadros formados, disciplinados, plenamente comunistas y clasistas), así como una guía que nos permita tomar partido eficazmente por el anarco comunismo y la emancipación de la clase obrera (un Programa). Para ser conscuentes y tomar Partido no nos sirve el nucleamiento de muchos individuos que no asumen plenamente la responsabilidad por sus acciones, ni tampoco aquellos que priorizando sus intereses por sobre los del colectivo terminan dañando y trabando la construcción. Es por eso que un real Partido Libertario sólo puede ser un Partido de Cuadros, y no un Partido de masas en abstracto, que en el presente se manifiesta en la idea de un reagrupamiento de los anarquistas.

Por ende, para sintetizar: el Partido Libertario no es una forma determinada de antemano. Es una construcción histórica, producto de la lucha de clases, que sólo puede surgir en un momento avanzado del construcción de poder obrero y contrahegemonía. Toda concepción que plantee la existencia de un partido anarquista de masas, de un partido y un programa anarquista en un momento de reflujo, de varios partidos anarquistas, etc. es mero idealismo y fraseología vacía (cuando no oportunista). Tan vacía como el planteo de que puede construirse a futuro un Partido Libertario si nucleamos hoy en día un componente heterogeneo o disciplinas y responsabilidades mixtas. Ese proceso de construcción del Partido Libertario (entendido como proceso en el cual nos iremos formando como cuadros y construyendo el Programa) es el que consideramos debe tomar el anarquismo hoy en día. Sin vacilaciones, con el proyecto de nuestra clase y por la clase debemos tomar la responsabilidad de forma colectiva y avanzar construyendo poder obrero hasta el comunismo y la anarquía.

Enero 2012,
Linea Anarco Comunista (LAC)

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Un programa para el Anarco-Comunismo: Del reagrupamiento a la construcción partidaria – LAC

“El partido sintetiza todas nuestras aspiraciones ideológicas y políticas, y define consecuentemente las mejores tareas y herramientas para concretarlas. Esto significa que el conocimiento cabal y el manejo activo de la línea político-ideológica partidaria y los métodos y propuestas de acción del PL, harán de cada uno de nosotros un miembro, un cuadro, un militante que sirva a la revolución.
Pero esta concepción del partido y de su línea político-ideológica no justifica el dogmatismo, ya que los anarquistas no somos idealistas y el absoluto para nosotros no existe. La corrección de nuestras ideas habrá de garantizar la práctica y la amplitud de su formulación y de su crítica. El desarrollo de la línea partidaria sólo lo comprendemos en este último sentido: el del conocimiento por medio de la práctica activa y creciente. El partido conoce y aprende a través de la acción de sus militantes, y cada uno de ellos se constituye en efectivo integrante de un cuadro a partir del desarrollo de la organización en su conjunto. El PL es una organización de cuadros, en tanto cada uno de sus militantes se dispone a adquirir en la práctica política experiencias concretas, a través de las cuales sintetiza por su análisis y estudio permanente nuevos conocimientos que van configurando la línea partidaria. Es decir, que el desarrollo del PL y de sus cuadros estará signado por la correcta comprensión y aplicación materialista y dialéctica de su línea político-ideológica, que se profundizará a través de la práctica y su síntesis teórica.
En conclusión, nuestra organización se define como un partido de cuadros a partir de una correcta relación entre su práctica y teoría revolucionaria, y el desarrollo alcanzado en estos términos se constituye en garantía de una aplicación correcta de la línea revolucionaria y libertaria.”

Resistencia Libertaria, Febrero de 1977
Documento n°3 Partido Libertario

La miseria del sistema Capitalista

No es ninguna novedad para la mayoría de las personas que la sociedad actual se halla plagada de miseria y sufrimiento. Sin embargo, sólo un puñado de individuos en el mundo son capaces de comprender y tomar posición sobre cuales son las causas profundas de esta cuestión. La mayoría de la población, y sobre todo la enorme mayoría de las masas explotadas y oprimidas sigue sumida en el mar de la ignorancia, sin poder siquiera poder buscar saber la razón de su propio sufrimiento. Todos los días miles de trabajadores son explotados durante agotantes jornadas por un mísero salario mientras los empresarios se llenan los bolsillos con dinero. Miles de mujeres son prostituidas como esclavas por un mercado perverso que genera enormes ganancias para unos pocos. Miles de niños mueren de hambre en la total miseria sin siquiera haber aprendido a hablar. Y así, la lista de las injusticias que este sistema genera sigue, y cada día es sufrida por el pueblo trabajador.

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Aportes desde el anarquismo argentino. Introducción al “Partido Libertario” – Resistencia Libertaria, 1977

Aportes desde el anarquismo argentino. Introducción al “Partido Libertario” – Resistencia Libertaria, 1977

“La Alianza es el necesario complemento de la Internacional.
Pero la Internacional y la Alianza, aun cuando tienden a la misma finalidad,
al mismo tiempo persiguen objetos diferentes.
Una tiene la misión de agrupar las masas obreras,
los millones de trabajadores, a tavés de las diferencias de las naciones y los países,
a través de las fronteras de todos los Estados, en un solo cuerpo, inmenso y compacto;
la otra – la Alianza – tiene la misión de dar
a esas masas una orientación realmente revolucionaria.”

Mikhail Bakunin

Poco antes de morir, Bakunin describía a Eliseo Reclus el papel que él mismo y sus compañeros habían jugado en la gran obra del siglo XIX: “Nuestro trabajo no se perderá nada se pierde en este mundo; las gotas de agua aun siendo invisibles, logran formar el océano1. La gota, el trabajo, invisible de la organización Resistencia Libertaria, que existió durante los años 70 en Argentina, golpeó nuestras caras para empujarnos a formar parte del océano de compañeros y compañeras que cansados de ser yunque están transformándose en martillo. El trabajo de la organización Resistencia Libertaria (RL) no se ha esfumado y puede vislumbrarse en el texto que introducimos titulado “el Partido Libertario”.

Uno de los más trillados errores en que incurren muchos compañeros en el movimiento libertario, es suponer que el anarquismo es un mero conjunto ecléctico de formulaciones e ideas, dentro de lo cual todo vale. Sin embargo, vemos que el anarquismo no es una masa amorfa de pensamientos, sino que es un método y una teoría con aspectos claramente definidos, con sólidas bases.2

El Partido Libertario y la pluma colectiva bajo la cual es escrito en febrero de 1977, período de plena resistencia de la clase obrera frente a los embates de la burguesía, son muestra de que el anarquismo es una praxis, una teoría revolucionaria que tiene una columna vertebral y no una masa amorfa de ideas alejadas de la práctica. Este documento que introducimos forma parte de una rica trayectoria de textos que son reflejo de diferentes experiencias organizativas que van desde la experiencia y los textos relacionados con Bakunin y la Alianza Internacional de la Democracia Socialista en la Europa de la Primera Internacional, la Makhnovtchina asediada por el ejercito blanco en conjunto con el ejercito rojo y la Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas deDielo Truda, el Manifiesto Comunista Libertario de George Fontenis y la Federación Comunista Libertaria francesa que tuvo que volverse clandestina por luchar codo a codo con el pueblo argelino.

En Argentina esta tradición tomó forma, con sus particularidades, en la década de los setenta a través de las experiencias y escritos de dos organizaciones: Resistencia Libertaria y la Línea Anarco Comunista (LAC)3. A través del siguiente texto pretendemos dar una breve introducción a un documento que emana de dichas discusiones: el “Partido Libertario” (texto de RL). Más allá del nombre, que literalmente habla por sí sólo, encontramos en este texto una continuidad ineludible con las experiencias históricas que nombramos y con las premisas del llamado “anarquismo organizado”4.

Un breve marco histórico

En sí Resistencia Libertaria nació sobre la base, como su nombre lo indica, de una lectura del momento que atravesaba el proletariado de nuestro país. Es así que RL surge en 1974 (a partir de la fusión de varias organizaciones anarquistas de diferentes regiones de Argentina) en un marco caracterizado como de “resistencia”, en el cual la balanza de la lucha de clases volvía a inclinarse drásticamente a favor de la burguesía. Aún así, el “Partido Libertario” refleja la praxis que tiene Resistencia Libertaria desde sus inicios de intentar dotar al anarquismo de un norte político y una forma acorde a sus necesidades: un partido político capaz de “impregnar una cierta tónica libertaria a lo que se veía como un proceso revolucionario en marcha; y hacerlo además desde una posición francamente minoritaria”5.El texto sobre el cual comentamos tiene un origen tardío en la vida de Resistencia Libertaria pero podemos encontrar las raíces del mismo en el desarrollo teórico-práctico de la Línea Anarco Comunista (varios miembros de la LAC terminan sumandose a RL). Fue escrito sobre los años de muerte de la organización, destruida – junto al resto de las organizaciones políticas y sociales de vanguardia del proletariado – por la violenta represión terrorista de la última dictadura militar argentina, iniciada en 19766. Pero su recorrido data de mucho antes, y contaba en su interior con militantes de trayectoria, que habían sido parte de la gestación del nuevo movimiento obrero que comenzaba a despegarse de las direcciones burocráticas . Estos militantes, forjados al calor de las consignas del “clasismo” y el “poder obrero”, vieron la necesidad de reactualizar al anarquismo y sacarlo del ostracismo al que se había auto-condenado durante años, marginado a experiencias meramente culturales y alejadas de las luchas sociales. Es así que RL buscaba regresar el anarquismo al seno de la lucha de clases, y posicionarla como una alternativa revolucionaria real y práctica para las masas.

Una tradición anarco comunista

En esta búsqueda, los compañeros de RL se encontraron nuevamente con la vieja discusión sobre la organización de los anarquistas. El “Partido Libertario” es en gran parte un posicionamiento frente al rol de los militantes anarquistas y la lucha de clases. Frente a dicho dilema los compañeros de RL posicionan al anarquismo como praxis política basada en los principios históricos del anarcocomunismo: centralidad de la lucha de clases y el proletariado como sujeto revolucionario, comunismo anárquico como finalidad revolucionaria, sindicalismo como herramienta central de lucha, construcción de la organización política específica de los anarquistas (un partido basado en la unidad teórica, estratégica, la auto-disciplina, la responsabilidad colectiva y el federalismo), necesidad de la elaboración de un programa revolucionario, y una concepción materialista en cuanto a la lectura, análisis y práctica política. Esto no es casual ya que los militantes de RL eran conscientes de que recuperaban aquella tradición política de orígenes bakuninistas. Todos estos elementos se observan claramente cuando uno lee el Partido Libertario. Así, por ejemplo, se plantea que “la organización revolucionaria debe concretarse en dos aspectos diferentes, pero en un mismo plano de importancia. La organización política de las masas como expresión concreta de una estrategia de toma del poder7; y la organización política de los anarquistas como expresión de una estrategia para la acumulación revolucionaria del proletariado para el mismo fin” o “en función de la acumulación política estratégica de la clase obrera, aportamos nuestro programa anarcocomunista”. Todo el documento en sí es una búsqueda de volver a los orígenes del anarquismo, no como un cojnunto de ideas producida desde la cabeza de un puñado de intelectuales, sino como una praxis política (que debe organizarse y definir estrategias y tácticas) que surge del seno del movimiento obrero y la agudización de la lucha de clases.

Resistencia Libertaria se planteaba a sí misma como un proyecto de construcción de una organización de cuadros, entendidos estos como militantes capaces de impulsar cabalmente la línea y estrategia de la organización en un frente determinado de trabajo8. A su vez destacamos que el concepto de cuadro, al mismo tiempo que toda la línea política que plantea el texto está empapado de una concepción materialista del anarquismo. Así, por ejemplo, el Partido no puede construirse aislado de las luchas sociales, sino que es en el seno de la lucha de clases donde la organización aporta a la construcción del programa anarcocomunista.

Una mención especial del texto es que hace referencia y toma posición sobre como resolver necesidades concretas de la etapa en la que es escrito. Los frentes de logística y solidaridad, por ejemplo, estaban constituidos para la autodefensa armada y la protección de militantes perseguidos por la represión, respectivamente. El hecho de que un documento estructural contenga estos elementos nos habla de que RL no construía sobre fórmulas abstractas, sino en base a las tareas de la etapa, en una coyuntura de represión generalizada de la izquierda y movimiento obrero organizado.

Aportes para nuestra militancia anarquista

En los diez años que han transcurrido desde la rebelión popular del 2001, conocida como “Argentinazo”,resurgen del seno de la clase obrera nuevas experiencias de trabajadores que se organizan con sus métodos históricos -la asamblea y la acción directa- y luchan contra el Estado, la patronal y la burocracia traidora. Desde la puesta en práctica de estos métodos históricos, la clase obrera toma conciencia para sí de su existencia y de la necesidad de quebrar revolucionariamente la realidad en la que existe. Dentro de esta situación es cuando, como dijo Bakunin, “algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo”. Pero para que el yunque pase a ser martillo hace falta un trabajo metódico, minucioso, constante. Ese trabajo es el de transformar la sociedad actual en la sociedad que queremos y hace falta tener en claro como hacerlo. En este marco de transformación de la sociedad somos cada vez más los compañeros anarquistas que vemos la necesidad de construir un anarquismo organizado sobre bases sólidas que vea la necesidad de tomar partido por la clase obrera, de organizarnos como revolucionarios para influir en espacios de masas y de construir un programa para el anarcocomunismo. Hoy en día algunos de esos compañeros nos nucleamos en una organización anarquista que retoma el nombre de la Línea Anarco Comunista. Apostamos a ser uno de los núcleos que marque una línea hacia la construcción del Partido Libertario y de su respectivo programa revolucionario de transformación de la realidad.

Ningún documento puede suplantar la tarea de los militantes de caracterizar la etapa y dotarse de las herramientas correctas para la militancia actual. Sin embargo, al mismo tiempo que el programa se construye en la práctica, no podemos dejar de lado los más de cien años de lucha de la clase obrera y, por consiguiente, las diversas experiencias del anarquismo social, incluyendo su producción teórica. Es así que buscamos retomar las conclusiones políticas de los compañeros de Resistencia Libertaria para continuar, dentro de nuestras capacidades, la tarea que ellos emprendieron y su legado: la reactualización del anarquismo como una alternativa política para las masas explotadas y oprimidas por el Estado y el Capital. Por eso, la etapa y las tareas pueden ser otras, pero las necesidades generales dentro del Capitalismo son las mismas: organización y lucha por el comunismo anárquico.

Línea Anarco Comunista

Buenos Aires, Argentina, Julio 2011

Partido Libertario – Resistencia Libertaria

1. a) La necesidad del Partido Libertario

Los anarquistas decimos que la revolución es un proceso mediante el cual se transforman las relaciones de producción y de la sociedad de clases, en una formación social en que los medios de producción y el fruto del trabajo, se administran y distribuyen en una forma igualitaria, horizontal y directa.

Entendemos que esta emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos, porque son ellos los que viven la situación directa de explotación y dominación, y son los representantes de la última esclavitud en la tierra. Sólo ellos por sufrir la miseria y el trabajo, y más allá de los prejuicios políticos o religiosos que les imponga la opresión, son los verdaderos socialistas. Lo son por todas las condiciones materiales de su existencia, por las necesidades que ellas imponen a las personas. Sólo ellos, a través del desarrollo conciente de su situación harán de la Revolución una realidad.

Pero la ubicación de clase en sí no basta (materialismo histórico), hace falta una teoría que la explique y que contenga en sus conclusiones las perspectivas de cambio y superación. Este verdadero conocimiento social que se desprende de una doctrina moral y revolucionaria, no es adquirido por las masas de por sí; hace falta un proceso de experiencias que debe penetrar por pautas y métodos que permitan el paso de la espontaneidad a la conciencia, que posibiliten a los trabajadores mismos sintetizar una ideología revolucionaria que se exprese concretamente en la organización y en la lucha por la liberación.

En otras palabras, las masas oprimidas, que son las que construyen el camino de liberación social, van configurando a través de sus experiencias en la lucha de clases las condiciones que caracterizan el proceso revolucionario y adoptan para ello pautas ideológicas y políticas de acción. Esta definición plantea para nosotros una cuestión básica: un proceso revolucionario no es un hecho fortuito y sin sentido direccional, la revolución es la consecuencia de una realidad histórica confrontada con una concepción ideológica de la vida y la sociedad, y por consiguiente de los medios que llevan a concretarla. Es por eso que hacemos del anarquismo su método de lucha y organización que parta de la crítica de lo real, de la situación histórica presente, de las realidades de explotación y dominación, para elaborar un programa revolucionario concreto con el objetivo final que una la libertad de los hombres y su bienestar.

Reconocemos entonces la necesidad de los niveles de organización revolucionaria: la necesaria organización política de las masas, que las constituye en sujeto activo de la Revolución, tomando para sí las tareas que definen una estrategia de toma del poder, de construcción socialista y que las hace vanguardia del proceso revolucionario a través de organismos propios e independientes que garanticen su marcha siempre proletaria, y la necesaria organización de los anarquistas, nuestro partido, que inserta en el seno de las masas su ideología revolucionaria y que genera a partir de ella, una práctica política y organizativa consecuente, con miras a extender y aumentar el ejercicio, la conquista y defensa de la libertad y el bienestar.

1. b) El papel de los anarquistas

Los anarquistas buscamos la destrucción integral del sistema económico y su correlativa alienación social, y además la socialización efectiva de los medios de producción y del poder político.

Hemos definido que para ello el objetivo estratégico de nuestro partido es la toma del poder por parte de las masas proletarias y la construcción revolucionaria, a través de una organización que le es propia.

En tal sentido el PL deberá tratar de asegurar la independencia de la clase trabajadora de las ideologías burguesas o pequeñoburguesas, fortaleciendo el proceso común de formulación de la ideología propia de la clase y de sus instancias concretas. Las mismas condiciones de la lucha de clases que indican que la potencia revolucionaria radica en el desarrollo conciente y organizativo de las masas: es así que la organización propia de los trabajadores debe ser la que realice la toma del poder, su defensa y su real distribución socialista.

Esto significa que el PL no es la clase obrera organizada, tal función corresponde a la organización revolucionaria de las masas, organización que el partido debe contribuir a formar y desarrollar.

Tener clara esta relación es fundamental para comprender el papel histórico que juega nuestro partido en el proceso revolucionario. Ello nos plantea en la realidad la necesidad de nuestro propio crecimiento, que se dirime en el seno de la interacción dialéctica entre la situación histórica y las masas.

De aquí deriva la necesidad de la unidad de los problemas tácticos y estratégicos con los de la organización. Separarlos significa caer en la sustitución de la acción obrera o en la sumisión fatalista a ella. Ello sólo podrá evitarse manteniendo siempre viva la discusión dialéctica entre la adhesión al objetivo final y la adaptación a las circunstancias concretas de cada momento; y entre acción hacia las masas y dentro del partido. Sólo así la praxis de la organización podrá ser la síntesis superior entre la militancia partidaria y la realidad de la lucha de clases.

En este sentido el objetivo de nuestro partido es generalizar y profundizar en los trabajadores la conciencia libertaria, es decir que la adopción de los principios revolucionarios y antiautoritarios sean la base real de la destrucción de las clases sociales; para ello aportamos los elementos que marcan una estrategia de conquista del poder y de construcción socialista. Es decir, que la función del PL, conociendo la capacidad de las masas, su disposición en la lucha de clases, el permanente análisis del proceso histórico, el estudio y profundización de su línea político-ideológica, es su aporte al proceso de concientización de las masas con elementos teórico prácticos que se vayan recreando a través de su aplicación en la lucha de clases.

Nuestra misión es dar una orientación revolucionaria a las realizaciones de las masas y profundizar sus contradicciones en todas las etapas del proceso de cambio, tanto en la resistencia como en la lucha por el poder y en la construcción del socialismo.

El Partido Anarquista, es por lo tanto una organización de cuadros revolucionarios como consecuencia directa de la necesidad de obtener para cada uno de sus militantes una formación teórica y práctica acorde con las exigencias del proceso de masas y por la necesidad permanente de reelaboración teórica que es la experiencia de una organización en contacto y acción con el proletariado.

Nuestro partido como organización configura entonces una línea político-ideológica que aporta elementos a la clase obrera para su propia acumulación en los siguientes términos concretos:

- En la acción, a través de pautas ideológicas, estratégicas y tácticas.

- En la organización, por medio de una práctica que vuelque métodos, criterios y niveles de superación.

Esta acumulación propia de las masas, encontrará su expresión en el avance de conciencia política del conjunto de los trabajadores y en la organización política independiente y revolucionaria de su vanguardia.

1. c) La relación Bases – Partido Libertario

La medida de una relación correcta entre el partido anarquista y los trabajadores se dará mediante la conciencia alcanzada por ellos a través de la interacción dialéctica entre partido y trabajadores expresada en términos concretos de organización y lucha. En tanto nuestro partido logre infundir el mayor desarrollo en la conciencia de la clase obrera, en este sentido habrá conseguido el fundamento de la verdadera unión dialéctica con ella. La síntesis y expresión real de la relación entre masas y partido en lo político y organizativo, es la acumulación propia del proletariado.

Sostenemos que la existencia de un movimiento de masas es el resultado de una realidad histórica determinada por el capitalismo. La existencia de los explotados tiene su razón en la existencia de los explotadores; esta relación tiene una dinámica propia que se expresa en la lucha de clases.

A través del análisis histórico comprobamos que la situación de clase del proletariado le niega la posibilidad de contar por sí con una explicación de su propia realidad y por lo tanto de vislumbrar las perspectivas y los medios para su superación. Por lo tanto, los trabajadores no cuentan con una teoría revolucionaria propia, con una concepción política de clase y una estrategia de poder.

El análisis de la situación histórica es el que define los orígenes del partido libertario, que la explica y plantea su superación. Esta teoría que aporta nuestro partido, que analiza y elabora conclusiones en torno a la realidad del proletariado, dando forma objetivos y métodos de superación, es al mismo tiempo el gérmen de su propia definición como tal. El PL por lo tanto, tiene una ideología y una concepción política revolucionarias para transformar las condiciones en que se hallan inmersos los trabajadores; cuando éstos las adquieran obtendrán un acopio para sí que se expresará en conciencia y organización. La consecuencia directa de la transformación de las condiciones subjetivas del proletariado es la modificación de las determinantes objetivas, que son en realidad de clase. De este modo quedarán destruidas las causas de su razón de ser, la razón de ser de la lucha de clases y la razón de ser del partido libertario.

Esta situación histórica, que no será otra que la definitiva destrucción de las clases sociales, será el producto de un proceso que define etapas en su desarrollo, y que por lo tanto se modifica y transforma las condiciones que rigen a la relación masas-partido y a las características de su síntesis, que es la acumulación propia del proletariado. Es decir, que las diversas etapas de la lucha de clases, tales como la resistencia, la pre revolución y la construcción socialista, imponen determinados límites que se particularizan en las masas y en el partido, y como consecuencia en la conciencia ideológica de los trabajadores, lo que fundamenta para nosotros, los anarquistas, el papel básico que juega la existencia de una estrategia libertaria correcta en función de la relación de nuestro partido con las masas.

En conclusión, entendemos que tal relación dialéctica está regida por un elemento dinámico que es la concepción estratégica del PL, que encuentra su síntesis en la acumulación propia del proletariado, prolongándose en todo el proceso de la lucha de clases hasta su completa extinción.

2. a) El Partido Libertario y el proceso político

Los anarquistas definimos que la lucha de clases es el resultado de condiciones históricas objetivas que son la explotación y la dominación; que es expresión de las prácticas de clases y grupos sociales con intereses antagónicos, definidos por su ubicación en la estructura económica y política que les da origen y los determina.

Pero afirmamos también que el desarrollo del enfrentamiento de clases producido por las condiciones históricas, si bien encuentra en ellas las bases materiales, no se convierte de por sí y por ellas en disputa por el poder sobre la sociedad. Es por ello que las condiciones subjetivas que definen la capacidad revolucionaria del proletariado, las que dan contenido revolucionario a las acciones de masas y que hacen de la lucha de clases una contienda por el poder, deban materializarse en determinantes concientes reales.

Ese contenido, esa acumulación que deben experimentar las masas proletarias, tiene nombre y apellido: conciencia política y organización revolucionaria. La conciencia política es la condición subjetiva que lleva a las masas a plantearse como objetivo la toma del poder social, y la organización revolucionaria es elemento que esa conciencia establece como única herramienta para lograr ese fin.

Afirmamos entonces que las determinantes históricas objetivas que materializan una situación revolucionaria, no bastan para concretar la revolución, y establecemos como nuestro objetivo estratégico la concreción de las condiciones subjetivas necesarias. Es decir, que el PL tiene como meta final la acumulación propia del proletariado en sus términos revolucionarios concretos: conciencia y organización.

Tener claro este objetivo es tener claro el papel que jugamos en el proceso de lucha de clases; que se cumpla este objetivo es que se cumpla el triunfo de la revolución proletaria hasta sus últimas consecuencias.

2. b) El PL y la estrategia

Plantear un objetivo es determinar la forma de llegar a él, y establecer en consecuencia las herramientas necesarias para conseguirlo.

Ya hemos dicho que la organización es el elemento fundamental para concretar la revolución, y que ella sólo puede concebirse a través de una estrategia política. Consideramos que una organización revolucionaria es la expresión práctica de una teoría de la revolución y de su instrumentación estratégica.

Hemos establecido que para los anarquistas la organización revolucionaria debe concretarse en dos aspectos diferentes, pero en un mismo plano de importancia.

La organización política de las masas como expresión concreta de una estrategia de toma del poder; y la organización política de los anarquistas como expresión de una estrategiapara la acumulación revolucionaria del proletariado para el mismo fin. Por lo tanto nuestro partido se plantea como objetivo la modificación de los trabajadores a través de la profundización de la lucha de clases, mediante el aporte de una explicación de las condiciones históricas que los definen como explotados; provocando el reconocimiento de sus propios intereses para diferenciarlos de la ideología capitalista; definiendo pautas estratégicas para la toma del poder, que incluyan objetivos, métodos, herramientas y caminos a seguir; marcando funciones, formas y criterios de organización revolucionaria en cada etapa con perspectivas finales, y sintetizando en un programa revolucionario las metas de la revolución.

En otras palabras, podemos decir que teniendo en cuenta la situación adversa de la que partimos y la finalidad revolucionaria a la que queremos llegar, nuestro partido toma la tarea de tender el puente entre ambos extremos. Ese puente deber´+a ser una estrategia revolucionaria correcta.

Es así que en función de la acumulación política estratégica de la clase obrera, aportamos nuestro programa anarcocomunista y el método estratégico de la guerra revolucionaria prolongada9. En el marco de estas pautas finalistas el PL plantea objetivos parciales que configuran las tareas tácticas y coyunturales que las harán posibles.

2. c) El PL y la táctica revolucionaria

Las masas no se movilizan y organizan políticamente en forma espontánea y mucho menos a partir de definiciones que por serle ajenas a su realidad actual aparecen como fórmulas abstractas. Las masas son ciertamente, materialistas, aunque sin saberlo; ellas deben cumplir un proceso de experiencias que se constituye en la base de su conocimiento. La incorporación de una teoría sólo la realizan a partir de una práctica que la plantea y la confirma como correcta. La táctica revolucionaria que nuestro partido emplea es el método de inserción proletaria y de relación materialista dialéctica con los trabajadores.

Los anarquistas entendemos que la relación con las masas debemos encararla en torno a su realidad inmediata y a través de la táctica que constituye el término político que hace real la estrategia revolucionaria.

Sólo por el conocimiento cabal y profundo de las necesidades inmediatas del proletariado y fijando respuestas para transformarlas permanentemente podremos profundizar en los trabajadores cada situación de la lucha de clases.

El proceso histórico de clases se modifica en forma continua, transformando las características de la relación entre las fuerzas sociales que se desarrollan en su seno. Nos corresponde también conocer las cuasa de esas variaciones en el pasado y en el presente, para poder desarrollar una acción coherente en la actualidad, para construir el futuro.

Por lo tanto, el fin establece pautas concretas de acción política ante cada situación de la lucha de clases, es decir de la correlación de fuerzas sociales en cada momento, cada etapa define en el contexto de esa correlación distintas metas y métodos; cada coyuntura plantea reivindicaciones particulares y formas de conquistarlas. Estas sin embargo se entroncan en un objetivo común que es la revolución social, y en un método conductor que es la guerra revolucionaria prolongada.

Entonces decimos: la estrategia general no basta; es necesario separar procesos sucesivos que respondan a las cuestiones inmediatas y no reducirlo en un sentido direccional único. Es necesario que nuestra organización establezca tácticas revolucionarias que garanticen la movilización política de los trabajadores. Debemos tener claro este aspecto de la lucha, para no caer en falsas apreciaciones o desviaciones políticas.

Las necesidades inmediatas del proletariado definen sus intereses particulares de clase en cada momento histórico. Sobre esas necesidades debemos marchar, no por su inmediatez sino por los intereses que definen. Es decir, la actividad táctica de nuestro partido tiene un objetivo fundamental: la movilización política del proletariado.

Movilizar políticamente a las masas, es para nosotros generar a través de conquistas parciales e inmediatas un movimiento de conciencia para la clase que es manifiesto: una acumulación estratégica armada.

En principio la conquista debe responder a la más prioritaria de las necesidades de los trabajadores, que por se la base del conflicto principal en ese momento con las fuerzas de la explotación y la dominación, se convierte finalmente en un motivo movilizador; debe por otro lado producir una superación de las condiciones materiales presentes de las masas. Por ser posible y alcanzable, deberá utilizarse como causa de fortalecimiento propio en cuanto a la mejoría de la situación actual y en cuanto al triunfo material y moral sobre el enemigo. El saldo estratégico estaría dado básicamente en el movimiento resultante que acopió esa experiencia en la clase obrera.. deberá producir un salto cualitativo en las masas que se exprese en el replanteo de nuevas y más profundas aspiraciones clasistas, y en experiencias y formas organizativas más extendidas y desarrolladas.

Para nuestro partido, cuyo objetivo final es la toma del poder por parte de las masas, es evidente que la intrumentación táctica revolucionaria correcta en los términos referidos, es la base para que el proceso histórico se encamine en el sentido libertario.

2. d) El PL como organización político-militar de cuadros

Las exigencias tácticas y estratégicas, tanto en el aspecto teórico como práctico que se plantean en el proceso de masas y nuestra vinculación con él, definen para el partido dos características: la condición de organización político-militar y su constitución como organización de cuadros.

El PL define sus propuestas estratégicas y tácticas mediante el concepto de guerra popular y prolongada. Sostenemos que la sociedad capitalista es un sistema de relaciones sociales preñadas de violencia; las clases que detentan el poder usan de la violencia explotadora para perpetuarse, rechazando todo intento de transformación de sus condiciones mediante el uso y el abuso del poder, que incluye dentro de sus formas a la represión armada. Sostenemos también que para terminar con la explotación y la dominación hay que oponer a la represión capitalista la violencia del proletariado consciente y organizado: la violencia revolucionaria.

Nuestro partido, activo en el seno de las masas tiene como tarea llevar la lucha del proletariado hasta sus últimas consecuencias, es decir, que se convierte en una disputa por el poder social a través de la lucha armada. Entendemos que el ejército del pueblo son los trabajadores en armas y que nuestra acción violenta específica es válida en tanto tiene como fin que se haga realidad la violencia revolucionaria proletaria.

Sostenemos que la lucha de los trabajadores por su liberación, únicamente puede concebirse como una lucha política que se manifieste en todos los aspectos que hagan a la estructura social y cultural de clases, que son los términos de relación violenta entre los grupos sociales enfrentados por esas condiciones estructurales. Esto define lo que llamamos lucha político-militar, que tiene diferentes niveles de expresión de acuerdo al estado de conciencia de las masas y a la correlación de fuerzas sociales en cada situación histórica y en cada etapa de la lucha de clases.

Por consiguiente, el PL es una organización político-militar puesto que los anarquistas entendemos que la violencia revolucionaria es una expresión de la política proletaria y por lo tanto debemos impulsarla integralmente en la táctica y la estrategia.

El partido sintetiza todas nuestras aspiraciones ideológicas y políticas, y define consecuentemente las mejores tareas y herramientas para concretarlas. Esto significa que el conocimiento cabal y el manejo activo de la línea político-ideológica partidaria y los métodos y propuestas de acción del PL, harán de cada uno de nosotros un miembro, un cuadro, un militante que sirva a la revolución.

Pero esta concepción del partido y de su línea político-ideológica no justifica el dogmatismo, ya que los anarquistas no somos idealistas y el absoluto para nosotros no existe. La corrección de nuestras ideas habrá de garantizar la práctica y la amplitud de su formulación y de su crítica. El desarrollo de la línea partidaria sólo lo comprendemos en este último sentido: el del conocimiento por medio de la práctica activa y creciente. El partido conoce y aprende a través de la acción de sus militantes, y cada uno de ellos se constituye en efectivo integrante de un cuadro a partir del desarrollo de la organización en su conjunto. El PL es una organización de cuadros, en tanto cada uno de sus militantes se dispone a adquirir en la práctica política expreriencias concretas, a través de las cuales sintetiza por su análisis y estudio permanente nuevos conocimientos que van configurando la línea partidaria. Es decir, que el desarrollo del PL y de sus cuadros estará signado por la correcta comprensión y aplicación materialista y dialéctica de su línea político-ideológica, que se profundizará a través de la práctica y su síntesis teórica.

En conclusión, nuestra organización se define como un partido de cuadros a partir de una correcta relación entre su práctica y teoría revolucionaria, y el desarrollo alcanzado en estos términos se constituye en garantía de una aplicación correcta de la línea revolucinaria y libertaria.

2. e) El PL y la teoría y práctica revolucionarias

Sólo un partido que mantiene coherentemente la relación teoría-práctica, puede desarrollar su línea político-ideológica, crecer, constituir a sus militantes en cuadros revolucionarios y contribuir eficazmente al proceso revolucionario.

Los principios del materialismo dialéctico nos enseñan que el hombre, para desarrollarse integralmente, debe conocer a través de la experiencia.

Conocer no es otra cosa que sintetizar constantemente las evidencias que nos muestra la práctica, y confirmar por la práctica la corrección de ese conocimiento.

La lucha, la práctica revolucionaria, es fundamental para el dearrollo de un partido, sólo estando en contacto directo con el proceso social, inserto en la producción, en las relaciones comunales, en la vida misma del pueblo y participando con él en la lucha por la liberación, es que un parido podrá ser revolucionario. Pero debe hacer de este conocimiento empírico del proceso revolucionario un conocimiento activo, es decir, debe hacer del análisis de sus experiencias una síntesis, configurando una teoría que vuelva a la acción concreta.

Debemos desterrar toda concepción empirista entre nuestros compañeros, ya que la idealización por la cual sólo el contacto con las masas basta para hacer del militante un revolucionario, es básica pero no suficiente. Rtevolucionario es aquél que utiliza sus experiencias para transformar la realidad que les dio origen, por medio del estudio y la crítica permanente de ellas. Al mismo tiempo habrá que combatir aquellas manifestaciones teorizantes que hacen un culto de la actividad intelectual y de los libros.

Los anarquistas reconocemos en la práctica al fundamento de la militancia revolucionaria, y en la teoría su crecimiento. El punto de partida para nuestra organización es conocer a través de la práctica y el estudio, las condiciones en que habremos de realizar nuestras tareas, conocer el proceso histórico de nuestro país y el mundo y de los elementos que desencadenan sus contradicciones básicas. En este sentido nuestro esfuerzo debe centrarse en el logro de la mayor profundidad y amplitud. Para esto el Partido debe encarar una política de inserción en el proceso social a través del trabajo cotidiano de sus militantes y de las tareas partidarias; por otra parte debe consolidar el desarrollo de esa práctica (mediante el análisis y el estudio) que es la experiencia del partido, para que por medio de la síntesis de esa política se configure una teoría revolucionaria activa, sólo así, desde la práctica, desde su experimentación concreta, haremos la crítica de nuestro partido. De esta manera, manteniendo conscientemente la dinámica de la relación teoría-práctica, es como el PL corregirá sus ideas e implementará en forma actualizada y acertada las propuestas políticas para cada momento. Este será el único fundamento de un desarrollo cualitativo de nuestra organización política en todos los aspectos y, por lo tanto, de acuerdo al sentido de nuestra estrategia es la profundización del proceso revolucionario y libertario. Este es el elemento que dinamiza el desarrollo interno del PL, y profundiza sus contradicciones más íntimas.

Concluyendo, los anarquistas definimos al Partido como la resultante de un proceso teórico-práctico que tiene origen y se desarrolla en su relación con el movimiento de masas.

3. a) El PL y su propia construcción

Nos hemos definido como anarquistas. Consecuentemente planteamos los términos del papel que debemos cumplir en el proceso revolucionario a través de una organización que sintetice nuestro aporte al proletariado. Al mismo tiempo dejamos establecidos los términos de nuestra relación con las masas en el marco de la lucha de clases. Dijimos que sólo una estrategia correcta será la que cumpla esa fusión con los trabajadores y hará significativa nuestra influencia entre ellos. Agregamos que esta influencia solamente podrá concretarse a partir de una vinculación estrecha con el proceso histórico de masas, expresada en una instrumentación táctica revolucionaria, y que esta instrumentación debe abrir caminos en todos los aspectos de la lucha del proletariado, es decir, que debe concretarse político-militarmente. Estos objetivos se cumplirán con eficacia únicamente si nuestra organización se convierte en un núcleo de cuadros.

Dijimos finalmente que esto será posible, que los militantes formarán cuadros y el Partido desarrollará su línea político-ideológica siempre y cuando sostenga firmemente la claridad en la relación entre teoría y práctica; esta relación es la llave con la cual una organización se constituye de hecho en un partido revolucionario.

Sostuvimos que el proceso histórico, la lucha de clases, y la correlación entre sus fuerzas internas (explotadores y explotados) son las condiciones materiales que dan origen a nuestro partido, que adquiere a partir de esa base una teoría revolucionaria por intermedio del análisis estudio y síntesis político-ideológica.

En consecuencia definimos que la construcción del PL es un proceso teórico-práctico de relación con la lucha de clases, de relación con las masas. Entendemos por lo tanto que el desarrollo interno de nuestro partido en una situación histórica determinada será el resultado de las condiciones existentes en la relación masa-partido, y en la correlación de nuestras políticas hacia ella, expresada en términos de acción.

El estudio de estas condiciones podremos obtenerlo a través de un análisis de la correlación de fuerzas de la lucha de clases en ese momento, en una caracterización del estado de las masas en particular y del grado de influencia obtenido sobre ellas por nuestra organización y las fuerzas revolucionarias.. enmarcado por estas precisiones, la crítica a nuestra política partidaria deberá basarse en el análisis de los resultados obtenidos de las tareas fijadas en torno al objetivo parcial, y en la caracterización del estado de nuestras propias fuerzas (calidad, cantidad, conveniencia de los métodos y propuestas aplicadas, etc.)

De esta manera, reafirmamos nuestra concepción de que el PL, es una herramienta indispensable que tenemos los anarquistas para aportar a la revolución, y que su desarrollo no obtiene un estado óptimo sino a partir de una estrategia correcta de relación con las masas. Esta estrategia se consolida a través de la acción partidaria, por medio de la práctica revolucionaria de los militantes, rectificándose a partir de su estudio y crítica permanentes.

Esta crítica, desarrollada desde la práctica tiene dos objetivos básicos particulares que hacen a la rectificación de la política partidaria: uno es la dinámica particular externa de nuestra organización, o sea la relación con el proceso de masas, y el otro es la dinámica particular interna de la organización, o sea la que surge de la aplicación e instrumentación de la acción partidaria.

Si la práctica revolucionaria y el establecimiento de una teoría consecuente para la acción son los dos pilares de la construcción de nuestro Partido, estos objetivos de la autocrítica son los materiales con los que habrán de estructurarse.

El resultado positivo, que le da sentido activo a la crítica, es el planteo de una táctica revolucionaria que tiene efectos dinámicos en los dos aspectos apuntados: el externo (masas y lucha de clases) y el interno (cuadros y tareas partidarias). De acuerdo al análisis que hacemos del actual estado de correlación de fuerzas en la lucha de clases, definimos a la presente etapa como periodo de resistencia; a la caracterización de las condiciones de la clase como generalización y profundización del clasismo; a los resultados de nuestra influencia, como acertada en términos políticos, pero limitada en condiciones de extensión y acumulación ideológica.

Y del análisis que hacemos de la situación de nuestras propias fuerzas, pero en estado de homogeneización, cohesión y crecimiento; y del nivel de cumplimiento relativo de las tareas fijadas con respecto al objetivo parcial que es hacer real la concreción de una organización revolucionaria de masas, la táctica que fija nuestro Partido para esta etapa, es la construcción revolucionaria. El efecto de esta táctica se manifiesta en lo externo, en el desarrollo de una práctica de construcción de organismos de base independientes y de una Corriente Revolucionaria de la clase obrera, y en lo interno, en las tareas propias de construcción partidaria: homogeneización, profundizción de la línea político-ideológica, formación de cuadros, ampliación de frentes de trabajo, consolidación de las instancias orgánicas, desarrollo de infraestructura, profundización y ampliación en características y métodos de propaganda, etc.

3. b) El PL y las tareas de construcción revolucionaria

Definidas las características de la actual etapa y consecuentemente la táctica revolucionaria nuestra organización elaborará y se abocará a cumplir las tareas que surgen del planteo de la construcción revolucionaria.

Hemos afirmado que la táctica revolucionaria se materializa en función de la relación masa-partido, y en cuanto a la aplicación e instrumentación de la acción partidaria.

Esa expresión se concreta políticamente en la formación clasista de organismos de base y en la construcción del Partido. Orgánicamente, esta actitud política tiene una instancia concreta de acción: el Frente Político de Militancia.

Es allí donde los militantes hacen efectiva la línea partidaria en sus connotaciones tácticas, y como instancia orgánica su condición es estratégica. Es donde se concreta la práctica revolucionaria y por lo tanto, a partir del cumplimiento de las tareas partidarias que corresponden a su instrumentación es donde se desarrolla la línea político-ideológica del PL.

Es así que el Frente Político de Militancia abarca tantos organismos y realiza tantas tareas como respuestas políticas defina la acción revolucionaria. La construcción revolucionaria se establece entonces en la política gremial, político-barrial, político-estudiantil, político-militar y político-técnico o logístico.

La instrumentación de cada una de estas manifestaciones de nuestra línea político-partidaria contiene los dos sentidos de la táctica revolucionaria: la relación con las masas (por ser los aspectos en los que ellas se expresan y constituyen la base de la revolución) y la acción aplicada por el partido (por ser las pautas táctico-estratégicas con que se desenvuelve en función de la relación masas-partido).

La instancia orgánica de cada tarea se convierte en una expresión política y organizativa particular:

- La estrategia de construcción gremial y el Frente Gremial

- La estrategia de construcción barrial y el Frente Barrial

- La estrategia de construcción estudiantil y el Frente Estudiantil

- La estrategia de construcción social y el Frente De Solidaridad

- La estrategia de construcción militar y el Frente Militar

- La estrategia de construcción logística y el Frente de Apoyo Logístico

Esta particularización de la acción partidaria se realiza en función del desarrollo práctico de las tareas, y existe entre ellas una interrelación estrecha expresada por la táctica revolucionaria y por la coordinación de la acción aplicada que todos llevan adelante.

Eds así que los frentes de relación de masas (Gremial, Barrial, Estudiantil de Solidaridad), tienen una coordinación propia determinada por las condiciones de su tarea específica, que se complementa con la acción indispensable desarrollada por cada uno de los frentes de apoyo: Militar, Logístico, Propaganda, Infraestructura, Inteligencia, etc.

Cada frente específico establece a través de la estrategia general su planteo estratégico particular, que implementará en la acción a través de la táctica revolucionaria fijada por la organización. Allí tomará pautas de acción propias aplicadas e instrumentadas de acuerdo a las necesidades particulares que determinen su ambiente de trabajo y las condiciones actuales existentes.

La línea partidaria se convierte en lo estratégico y táctico, en la síntesis político-ideológica para la acción, y por lo tanto en el acuerdo por el que cada compañero debe regirse en el frente en que desarrolle su tarea. A partir de allí cada instancia orgánica debe recrear y extender la acción propia.

4. a) Los métodos revolucionarios del PL

Ya hemos definido claramente que para los anarquistas la lucha de clases se desarrolla político-militarmente y que nuestro partido combate y construye en esos términos. Afirmamos también que la táctica revolucionaria político-militar se expresa hacia afuera y hacia adentro de nuestra organización. Dejamos establecido que esa es la dinámica de desarrollo del PL y de las masas, y que para nosotros la instancia desde la cual se hace efectiva es donde se realiza el contacto directo con el proceso de masas, o sea a través del Frente Político de Militancia, es decir, la instancia de inserción revolucionaria de los militantes en la lucha de clases.

Hablamos de la particularización de las tareas como una necesidad práctica, y enmarcada por una estrategia global a partir de la cual construye y se construye el PL. ninguna tarea puede desarrollarse sin un método de trabajo; el “PARA QUÉ” y el “POR QUÉ” no bastan sin el “CÓMO”. Por lo tanto, es elemental precisar los métodos que los anarquistas entendemos como apropiados para implementar las tareas y la obtención de nuestros objetivos táctico-estratégicos.

A partir de la experiencia histórica acumulada por la acción de masas y los revolucionarios, nuestro Partido considera correcto y necesario aplicar alternativas revolucionarias de acción y de organización política que en la presente etapa toman el sentido de construcción revolucionaria.

Ya hemos aclarado que para nosotros la organización revolucionaria debe construirse a partir de la realidad que le da sentido, y fundamentalmente, que dispone objetivamente las condiciones en que ella habrá de realizarse. Los anarquistas sostenemos entonces que los métodos correctos de acción nacen de la relación entre las condiciones reales de que se aparte y el objetivo al que se quiere llegar, a través del cumplimiento orgánico de una tarea.

Sólo la experiencia y su análisis y estudio, teniendo en cuenta su dialéctica con los objetivos que la práctica revolucionaria define, pueden darnos métodos correctos para el desarrollo de la organización y para la acción política.

4. b) Democracia Directa y Acción Directa

Ya hemos dicho que construcción revolucionaria es acción política y organizativa, y por eso establecemos métodos que surgen de la síntesis entre las experiencias históricas y el objetivo revolucionario. Estos métodos, que en esta etapa define la construcción revolucionaria, se desarrollan en dos planos específicos pero estrechamente relacionados: la acción organizativa por el método de democracia directa y la acción política por la acción directa.

Los anarquistas entendemos que la democracia directa es el método de organización social que establece como práctica la libertad, que definimos cocretamente como un hecho social, por eso sólo puede surgir de un método práctico que define esa estructura organizativa social determinada.

Para la burguesía la libertad es un hecho individual, y por lo tanto se hace real por una satisfacción del individuo abstraido del conjunto, y a expensas del resto de los hombres. “Los derechos de uno terminan donde empiezan los del otro”. Los derechos en oposición a los deberes son el fundamento de la democracia burguesa. Ambos, derechos y deberes, son cosas externas al individuo, impuestas por el sistema, para lo que se requiere entonces una estructura coercitiva como el Estado, que salvaguarde la libertad individual de las condiciones sociales reales, que exigen una libertad distinta.

La concepción libertaria de la democracia se basa en un principio materialista: La libertad es un hecho real, y sólo es alcanzable a través de la práctica desarrollada por la comunidad. Es decir, que el hombre alcanza su libertad, practica su libertad, cuando todos igualmente la concretan. En este sentido, un individuo será más libre, en tanto y en cuando desencadene una práctica consciente hacia la conquista y ejercicio de la libertad, cuando su propia libertad se socialice en la libertad de todos.

De este modo el hombre por su práctica directa, se socializa y encuentra a la socialización del conjunto como expresión y síntesis de la libertad individual. Así habrá superado la abstracción burguesa de derecho y deber; habrá destruido la democracia burguesa como expresión formal de la libertad, reemplazándola por un método real para ejercer la libertad; establecerá un método de acción social pleno, participando directamente de la construcción de la organización de la sociedad, con el ejercicio de su libertad … en la libertad de todos. Este método es la democracia directa: una acción consciente desarrollada por cada individuo socializado.

En este sentido un partido revolucionario es un primer paso hacia el reino de la libertad. En él, la acción consciente de cada militante hacia ese objetivo común, toma forma orgánica. El partido como hecho social, es la resultante de la actividad libre de cada militante por la voluntad de todos. Nuestro Partido es la expresión concreta de la libertad de sus miembros ya que desarrolla una actividad consciente de socialización: la conquista de la libertad para todos.

Para el militante, el compromiso pleno y activo con el Partido en la lucha por la revolución, representa su socialización. Por ello hace suyos los objetivos del conjunto, y comprende que sólo puede alcanzar su libertad a través de la lucha organizada mediante un método que hace real la libertad de todos y la suya propia: la democracia directa.

La libertad real es una actividad, por lo tanto, para superar la alienación de ser un mero espectador frente a la necesidad de un futuro; como también la forma ideológica de esa alienación, producida por la liebertad formal contemplativa de la sociedad burguesa y su método democrático de organización, sólo es posible mediante la participación de todos los militantes en la actividad del partido.

Nos hemos definido como comunistas anarquistas para la organización social buscada y esto significa que la sociedad se basaría en el aporte directo de todos: el que hace un individuo a la sociedad tendrá que estar relacionado, complementado y continuado con el aporte de los demás. Esta relación forma al individuo como ser social, ya que es inimaginable que mantenga su condición de tal sino es en base a la interrelación con el resto de los hombres. Como consecuentes comunistas pensamos que el aporte particular mantiene una importancia fundamental en el desarrollo del conjunto, que crece con el aporte y compromiso de cada uno, basados en el apoyo mutuo, la libertad e igualdad de todos.

Como materialistas reconocemos la autoridad que cada compañero posee de acuerdo a su experiencia y su práctica. Esta autoridad, por no surgir de un conocimiento total, que no existe, sino de las condiciones desarrolladas particularmente, queda restringida a la influencia en lo específico. La autoridad sobre la experiencia del conjunto sólo puede ser expresión de una síntesis de la práctica de todos. Por lo tanto, el reconocimiento de la autoridad de un compañero es el reconocimiento efectivo de su capacidad de análisis y propuesta más que la de su acción particular. La condición para éste es el traspaso de su conocimiento en la planificación, en la enseñanza, en la profundización de los análisis y las respuestas, de tal modo que resulte un aporte para el crecimiento del conjunto. La práctica y la influencia directa de cada uno es el fundamento de la democracia; su resultado es la libertad.

El método por el cual una organización social impide las prácticas autoritarias y competitivas que destruyen y violentan las relaciones sociales, ya que son la consecuencia del método burgués de organización basado en la participación individual en el poder a expensas de la participación social, es la democracia directa.

Para los anarquistas, la participación directa en el poder en base a la igualdad y la solidaridad, es lo que convierte a la participación de cada uno en una actividad social, no individualista, que tiene como objetivo los objetivos comunes y se expresa concretamente en una práctica organizada, fraterna y revolucionaria.

Como materialistas definimos que en la democracia directa el crecimiento del hombre se hace real a partir de la experiencia práctica. Sostenemos que la sociedad puede organizarse en función de este principio a través de un método de participación directa en la actividad social y por lo tanto en sus decisiones.

En la situación histórica actual de lucha por la libertad y el socialismo, entendemos que el primer paso hacia esos objetivos es la organización revolucionaria, por ser la que sintetiza la práctica de conquista de la libertad. Esta práctica es la base del desarrollo de las fuerzas de la revolución, con la lucha se constituye a partir de un método revolucionario: la acción directa. Esta es la metodología plítica revolucionaria de los anarquistas, es decir, un método que plantea una solución al problema del poder. Hemos dicho que su resultado político-ideológico esencial es demostrar a las masas una perspectiva de victoria por un camino con posibilidad de cambio profundo y revolucionario, lo que supone la necesidad de abrir nuevas alternativas hacia el poder que demuestren su eficacia y corrección frente a los canales políticos tradicionales del sistema (democracia burguesa, parlamentarismo, legalismo, corporativismo, etc.), que son vías muertas para el poder obrero y cuya aceptación implica la aceptación de sus condiciones.

La acción directa, como método de práctica revolucionaria satisface el desarrollo de una actividad política de toma del poder y adquiere las características particulares que derivan de las condiciones históricas, de las perspectivas estratégicas de la etapa y del ámbito de la lucha de clases en que debe aplicarse.

Es así que no toma formas unilaterales ni excluyentes, sino adaptadas a cada situación histórica; debe ser ejercida como metodología práctica del PL específicamente en función de su adopción por parte de las masas. Como toda práctica metodológica es resultado de una experiencia delimitada por la coyuntura y el estado de las fuerzas proletarias, y lleva implícitas las condiciones para instancias de superación. Es por eso que la acción directa debe aplicarse como método político y revolucionario adecuado a cada una de las expresiones de lucha de la clase obrera.

5. a) El PL, la lucha revolucionaria y la disciplina

Partimos del concepto de que el orden es la expresión de un estado de conciencia social que busca la felicidad y el bienestar común por medio de la práctica de la solidaridad, como base de la relación entre los hombres, en contraposición al orden establecido en base al principio de autoridad del sistema, que justifica la existencia de una cultura de sometimiento que determina una sociedad injusta. Tal autoridad no es el fundamento del orden de libertad sino su antítesis, que se edifica sobre la ausencia de conciencia comunista. Esta conciencia comunista se expresa a nivel organizativo en la disciplina partidaria.

Querer el reino de la libertad, ers querer los medios que conducen a él, el partido revolucionario es, en tanto que siíntetiza la voluntad consciente de los revolucionarios, el primer paso hacia él. Y esta voluntad consciente, que identificamos con la socialización del individuo por los intereses libertarios de la comunidad, es la expresión concreta de la libertad individual del militante.

Este compromiso pleno y activo con el partido es la disciplina necesaria para el logro de los objetivos de libertad para nuestro pueblo. La disciplina es la garantía de la libertad y expresión concreta de esta misma a través del compromiso total, consciente y activo con el Partido, que se manifiesta prácticamente en las tareas partidarias del militante.

Definimos entonces a la disciplina existente en el seno de nuestro partido como la resultante de la actividad consciente de los compañeros, que es por tanto la expresión de la identificación con los objetivos políticos e ideológicos, con las tácticas y la estrategia que nuestra organización de éllos sintetiza.

Para los libertarios, nuestra militancia en la lucha revolucionaria es una actitud ante la vida, una respuesta de hondo contenido moral a nuestras necesidades particulares y a las del pueblo en general, la identificación del militante con los intereses de los trabajadores es la causa real de la adopción de un puesto de lucha y la dedicación que a ese lugar se le brinda.

El ser parte o sentirse parte de un pueblo oprimido y explotado es la causa fundamental del ansia de libertad, y de lograr la liberación propia con la liberación de todos. Aquí radica la dedicación revolucionaria, en un sentimiento básico y en un consecuente estado de conciencia. Es el sentirse engranaje indispensable en el motor revolucionario, lo que nos hará activos e irreductibles.

Al compañero conciente se lo reconoce por la dedicación, por la audacia, por la alegría con que toma sus tareas. Es revolucionario aquél que no lleva su vida militante como un sacrificio, sino como bandera personal, aquél que se siente dueño de su libertad y lo demuestra desde hoy. Es quien por ello no se ata a dogmas ni esquemas y practica una renovación permanente en sí mismo y en su realación político-ideológica con la realidad. Es quien está siempre dispuesto a aportar, a buscar las formas, métodos y propuestas que lo hagan realmente efectivo en su accionar y fundamental en el proceso. Cuida su salud en función de su rendimiento en las tareas, y da fundamental importancia a su formación ideológica para no ser un freno para sus compañeros y crecer constantemente en el aporte. Es quién somete todas las cuestiones alejadas de la militancia para que no estorben en su desarrollo militante, en su lucha, en su posibilidad de dar de sí lo más que pueda. Todo esto no es fruto del voluntarismo, sino la consecuencia práctica del desarrollo ideológico planteado, de la apliacación consecuente de la línea político-ideológica del partido, que define la actitud personal de los militantes y su accionar colectivo. Una actitud personal de quien genera confianza, seguridad y firmeza, de quien en pocas palabras, ama la revolución y lo demuestra en los hechos, con su dedicación vital, se exige y exige un compromiso creciente.

Pero sólo a partir de la construcción del Partido es posible esta actitud, fruto de una línea político-ideológica, el Partido es el elemento vital de los compañeros porque es el medio donde cada militante encuentra una referencia, un respaldo y también un control ´para su accionar político y su enriquecimiento ideológico. Nuestra organización específica debe entonces tener una formulación ideológica precisa, una caracterización minuciosa de la realidad, una respuesta claramente definida, con pasos a seguir y métodos a utilizar. El militante de este modo ve sintetizadas sus aspiraciones, fortalecido su compromiso individual, acrecentada su capacidad revolucionaria y controlada su práctica cotidiana. Esto implica que la disciplina y la efectividad son el fruto del accionar colectivo, de un estado de conciencia expresado en términos orgánicos concretos y no de un mayor o menor voluntarismo.

5. b) La disciplina y la línea político-ideológica partidaria

Si la disciplina es la resultante de la actividad consciente de los compañeros y la única vía para llegar a la libertad real en el seno de una organización social determinada, y esta disciplina es la expresión, en el seno del Partido, de la compenetración de cada militante con los objetivos político-ideológicos del PL, la ausencia de disciplina, el incumplimiento o mal desempeño de las tareas particulares y de conjunto, el desorden interno, la inestabilidad de los compañeros, etc., es consecuencia de las fallas de claridad, de la incorrección en la política de la organización y de las deficiencias en la formación política o ideológica individual.

Estas deficiencias son consecuencia de nuestra extracción e inserción en la sociedad capitalista, cuya ideología penetra y genera contradicciones en los militantes y en el seno del Partido. Esto nos obliga a una lucha constante que debemos librar los revolucionarios en la clase y en el seno de nuestra organización. El medio decisivo para el combate en este sentido es desarrollar la autocrítica y la discusión política a todo nivel estableciendo objetivos prácticos para concretar sus conclusiones. Esta es la acción fundamental que los miembros del PL deben desarrollar hacia adentro: criticar y aportar en todos los niveles al crecimiento político-ideológico del mismo.

Si nuestra línea político-ideológica es la forma en que nos relacionamos con la historia, la mayor o menor disciplina con que nos desenvolvamos es también expresión del grado de inserción que poseemos en el desarrollo de la lucha de clases.

En el ámbito concreto del Partido, la disciplina se expresa prácticamente en el cumplimiento de las tareas acordadas, en la atención de los mecanismos de seguridad, y en una planificación que sea fruto de la discusión y de la instrumentación práctica, para obtener como resultado la mayor efectividad posible en el logro de todos los objetivos definidos. En este sentido hemos de asentar el culto a la efectividad en el marco estricto de la aplicación de nuestra línea partidaria. No permitir jamás que la efectividad sea fruto de la desviación política o ideológica (efectividad cuyo sustento es dudoso), sino demostrar en cada tarea que ella surge de la aplicación y de la corrección de la línea político-ideológica del PL.

Pero de la aplicación de nuestra línea, referida al plano de la disciplina, no sólo surge el cumplimiento de las tareas acordadas (limitación que sería lógica en el seno de una organización autoritaria, donde coexisten los deberes y derechos de la ideología burguesa), sino que la misma es consecuencia de encarar la acción colectiva como una cuestión personal y central. Este es el compromiso pleno y activo con la organización que se muestra en la disciplina a partir de la dedicación del militante.

El error de un compañero -voluntario o no- en su práctica, es evidentemente la expresión de fallas ideológicas o políticas en su formación. En el plano de nuestra organización se impone, no una sanción, que define la coersión como método “concientizante”, sino la discusión y el compromiso práctico de superación de las fallas ideológicas o políticas. El momentáneo abandono de las tareas específicas por parte de un compañero determinado por la organización, no es una sanción, sino un mecanismo de defensa de los acuerdos realizados que se aplica para evitar nuevos errores que debilitarían sus tareas y su cohesión. En algunos casos se impone el compromiso personal y colectivo de que un compañero deba repensar y autocriticarse de las fallas que la organización le marca y plantear la rediscusión, estudio y tareas concretas que establezcan su verdadera superación.

En el mismo sentido, una célula que funciona con errores ideológicos o de aplicación de la praxis política, debe ser tratado sobre el plano de recuperación del grupo y no del aislamiento, negándole canales orgánicos de decisión u otras medidas que signifiquen alejamiento o desintegración.

Distinto es el caso en que está en juego la seguridad del Partido. Nada ganaría nuestra organización, en tener tareas de discusión o recuperación del o los compañeros cuestionados en casos de traición, infiltración, etc., se impone claramente la expulsión u otras medidas convenientes que neutralicen la peligrosidad que tales casos implican para el conjunto.

Por otro lado las prácticas erróneas generalizadas desde el punto de vista político o ideológico deben contarse como implicancias en la corrección de la línea y la práctica partidarias, las fallas individuales o celulares, en este sentido, tampoco deben ser desestimadas del análisis.

Entonces, el medio decisivo para lucha contra los errores ideológicos o políticos de los militantes y las instrancias partidarias, lo determinan una correcta línea político-ideológico, y un combate ideológico y político constante contra las desviaciones y las fallas en este sentido, brindándolo en el seno del Partido y en los términos de la práctica revolucionaria.

6. El PL y su constitución orgánica

La reglamentación es la expresión práctica de un acuerdo colectivo para el funcionamiento orgánico: no es la disciplina en sí. El respeto a esta reglamentación es condición indispensable de la disciplina partidaria, entendiéndose como modos y formas de funcionamiento y trabajo, criticables y reemplazables en el momento en que las necesidades y el desarrollo del accionar partidario así lo requieran. Las normas de seguridad, las instancias de funcionamiento, los límites orgánicos de discusión y de trabajo, son fruto de la disciplina partidaria y se expresan prácticamente en el cumplimiento y respeto de sus características operativas.

La estructuración de una organización debe ser el resultado de una práctica revolucionaria y de la síntesis de acuerdos políticos e ideológicos en ese sentido, , de la coordinación de tareas que ellos definen, de los criterios y métodos con que ellos se desarrollan y por supuesto, de las condiciones históricas de que se parte.

Los objetivos de la organización se definen funcionalmente por criterios tales como:

- Coordinación y sistematización de los acuerdos político-ideológicos.

- Igualdad en las posibilidades de participación y decisión sobre ellos

- Planificación de las tareas para desarrollarlas

- Formación de cuadros para concretar esas tareas del Partido

Estas son pautas fundamentales que deben regir el desarrollo de nuestro Partido, en función del logro de las metas fijadas en cuanto a la relación con las masas y a la acción aplicada.

El correcto desenvolvimiento de estos criterios para el funcionamiento, estará dado por la relación dialéctica entre la práctica que se desarrolla partidariamente y la síntesis que de ella hace la organización, esdecir, entre la especialización y la centralización.

Entendemos por especialización la práctica directa desarrollada por un compañero o un grupo de ellos, con el objetivo de aplicar la línea político-ideológica del Partido en un área determinada o trabajo, en un aspecto particular de la lucha de clases.

Entendemos por centralización los organismos prácticos de síntesis del desarrollo político aportado por cada compañero al grupo, en relación con los aspectos particulares de la lucha política.

.definimos entonces dos planos de organización que se interrelacionan dialécticamente y por lo tanto son inseparables: los organismos específicos y los organismos de centralización, ambos regidos por los objetivos y criterios partidarios.

Los organismos específicos: La especialización es para nosotros una necesidad práctica que responde a las condiciones materiales en que se desarrolla la lucha de clases y nuestra militancia.

Cada aspecto de la lucha define necesidades propias y respuestas propias, estas establecen para nuestro partido una militancia de tipo particular y necesaria, que en términos políticos exige inserción en el ámbito correspondiente, elaboración específica táctico-estratégica, responsabilidad sobre el cumplimiento de la línea político-ideológica del partido, formación de cuadros específicos, capacitación del Partido en torno a la problemática particular, constitución orgánica propia y especializada de acuerdo a los criterios generales del Partido, y control político e ideológico de los organismos de centralización.

La participación directa nos convierte de este modo en la base política y en la instancia de aporte y decisión sobre la línea general del Partido. Es la práctica de la democracia directa y la acción directa desde donde cada compañero podrá confirmar la corrección de la ideología y la política del PL, y por lo tanto, donde se nutre de elementos para criticarla y reelaborarla en sus términos específicos o totales. Es allí donde encuentra los fundamentos del poder de decisión, y desde donde se constituye con el resto de los compañeros, en dirección de la organización.

Los organismos de centralización: La centralización para los anarquistas es una necesidad práctica de síntesis. El PL obtiene su línea político-ideológica a través de la práctica revolucionaria desarrollada en el seno de la lucha de clases, la que da los elementos concretos y las experiencias necesarias para elaborar una concepción estratégica y táctica central. Ya hemos dicho que para nosotros la revolución no es un hecho fortuito y sin sentido direccional, por el contrario, es el resultado de las experiencias realizadas por las masas y la militancia revolucionaria, que configuran una ideología y un proceso de desarrollo revolucionario determinado.

Del mismo modo, no concebimos a nuestra organización como una suma de hechos revolucionarios particulares que se desarrollan únicamente de acuerdo a las condiciones externas, sino que entendemos que es el resultado de la síntesis política y de un desarrollo consciente e intencionado de la práctica revolucionaria.

Esto nos lleva a definir como fundamental y necesaria la incorporación de formas orgánicas de síntesis política, de sistematización y coordinación de acuerdos, y de la acción aplicada por nuestro Partido.

Su función esencial es la síntesis político-ideológica, es decir, que los organismos de centralización desarrollan la tarea de estructurar concretamente los lineamientos políticos e ideológicos, determinados por los acuerdos alcanzados en los distintos estamentos orgánicos.

A partir de esa condición central que unifica a todos los niveles y cuadros partidarios, se deben establecer las políticas generales de la organización, tales como: campañas políticas táctico-estratégicas, política de alianzas con otras fuerzas revolucionarias, propaganda no específica de frente, respuestas políticas inmediatas, acumulación ideológica partidaria, formación de cuadros no específicos, campañas político-ideológicas e información general interna, control político-ideológico de los organismos específicos, evaluación general de las condiciones históricas y de la marcha del Partido.

Los organismos de centralización no suponen especialización en esa tarea, es decir que no excluyen a sus miembros de las tareas específicas, ya que por el contrario exige un conocimiento cabal y directo de su desarrollo y dinámica internas. Ellos participan de la dirección de la organización, no por ser organismos de centralización, sino por ser expresión de las instancias específicas. A ellas concurren el número de compañeros que definan efectividad y seguridad necesarias, y pueden recibir apoyos parciales para tareas determinadas.

Notas

1 Citado en: Bakunin, Miguel, Dios y el Estado, Terramar, Colección Utopía Libertaria, Buenos Aires, 2004.

2 Gutiérrez Danton, José Antonio. “Para pensar el anarquismo desde nuestra realidad (sobre el Manifiesto Comunista Libertario)”.

3 Organización que surge a mediados de 1969, destacada por su producción teórica e inserción en gremios industriales y en el movimiento estudiantil.

4 Más allá de que no coincidimos del todo con el término, el cual podría dar a entender que existe el anarquismo que no se organiza (es decir, admitir que el individualismo es parte del anarquismo como praxis política), recurrimos a este término para referirnos a aquella corriente del anarquismo que plantea la necesidad de un partido u organización política de cuadros que tenga inserción en la lucha de clases y busque orientar a las organizaciones de masas con un arco estratégico-táctico clasista y libertario.

5 Diz, Verónica y López Trujillo, Fernando, Resistencia Libertaria, Madreselva, Buenos Aires, 2007.

6 La represión al movimiento obrero argentino es anterior al golpe militar de 1976

7El punto 1.b. del PL profundiza esto en mayor medida: “En tal sentido el PL deberá tratar de asegurar la independencia de la clase trabajadora de las ideologías burguesas o pequeñoburguesas, fortaleciendo el proceso común de formulación de la ideología propia de la clase y de sus instancias concretas. Las mismas condiciones de la lucha de clases que indican que la potencia revolucionaria radica en el desarrollo conciente y organizativo de las masas: es así que la organización propia de los trabajadores debe ser la que realice la toma del poder, su defensa y su real distribución socialista.” La toma del poder por parte de las masas proletarias para RL no implica la toma del Estado. En este caso creemos que un concepto más acorde a lo que los compañeros plantean es el de construcción de poder obrero/popular. Las relaciones sociales, como las relaciones de poder, no pueden “tomarse”. Igualmente no creemos que sea crucial centrar debates al respecto de terminos y palabras. Hay que ser conscientes de que los terminos y conceptos que manejamos los militantes revolucionarios están intimamente relacionados con el contexto histórico, social y geográfico en el cual uno milita . La elección de determinada palabra no hace a un texto o una organización más o menos anarquista.

8 En palabras de Lopez Trujillo, el militante de RL: “Un cuadro es un militante que, por su formación [política] es capaz de conducir estrategias autónomamente cuando está inserto en determinado lugar de trabajo, sin mantener una relación orgánica, permanente con la organización (lo que no es posible a causa de la represión). O sea, a pesar de estar aislados de la organización, debido a la situación de clandestinidad, estos compañeros eran capaces de generar estrategias en el marco y dentro de las necesidades de la organización. Él o ella era capaz de construir un frente de trabajo en cualquier circunstancia. Un cuadro es un cuadro político-militar. Dicho de otro modo, un cuadro es un militante capaz de desarrollar un trabajo político de captación u organización en un barrio o una fábrica, que sabe cómo preparar un cóctel Molotov o una bomba de cualquier tipo, que sabe cómo valerse de un arma, etc.

Y esta es la diferencia con un partido de masas: un partido de cuadros sólo incorpora militantes que han aceptado totalmente la organización antes de ingresar en la misma. En un partido de masas el autoritarismo aparece como natural, porque hay distintos niveles de compromiso dentro de la organización, desde los militantes inferiores hasta los líderes. En RL, el nivel de los militantes era equiparable y cualquier militante podía ejercer cualquier función en cualquier momento. Entonces, para que sea posible este desarrollo, el militante que se va a incorporar a la organización tiene que tener un nivel de formación como los demás que ya están en la organización. Creo que el modelo se tomó en cierto modo de la Alianza de la Democracia Social de Bakunin, el partido que él construyó durante la I Internacional”. En: Morse, Chuck. “Resistencia Libertaria: La oposición anarquista a la última dictadura argentina” (entrevista a López Trujillo).

9“La estrategia de <<guerra prolongada>> se adapta más fácilmente a la idea de un sistema global y universal capitalista e imperialista, dentro del cual los países capitalistas concretos son formaciones económico-sociales históricamente determinadas, aunque subordinadas al sistema global. Por lo que ninguna lucha anticapitalista deja de ser antiimperialista y viceversa. De allí que la revolución sea naturalmente antiimperialista y deba evaluar que no es sólo a la <<burguesía argentina>> a la que se enfrenta, y que la lucha de clases debe incluir otros contendientes en la valoración de cualquier análisis de coyuntura. Desde el principio entonces, establece la instrumentación de una guerra generalizada en todos los aspectos: económicos, sociales, políticos, culturales y militares. Se piensa una dialéctica entre el crecimiento de la conciencia social y su expresión en distintos grados de asunción de la violencia.” Ver Verónica Diz/Fernando López Trujillo. Op. Cit. Pág. 44-45